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La configuración de las tradiciones sobre lo absoluto con procedimientos sociocibernéticos en sociedades policontexturales

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Ponencia presentada en el 29º Congreso de la ISSR, celebrado el Leipzig (23-27 de julio de 2007) con el título:

LA CONFIGURATION DES TRADITIONS SUR CE QUI EST ABSOLU SOUS DES PROCÉDURES SOCIOCIBERNÉTIQUES DANS DES SOCIÉTÉS POLICONTEXTURALES / THE CONFIGURATION OF THE TRADITIONS ON THE «ULTIMATE CONCERN» UNDER SOCIOCYBERNETICS PROCEDURES IN POLICONTEXTURAL SOCIETIES

Perspectiva sociológica:
  1. Hablo desde la sociología
  2. En la perspectiva específica del constructivismo sistémico
  3. que pretende establecer observaciones
  4. sobre los conocimientos socialmente compartidos
  5. que varían según espacios, tiempos, formas de vida
  6. Esta perspectiva es una mas dentro de la sociología
  7. Y la sociología es una disciplina mas entre otras disciplinas
  8. De donde se deduce que mis observaciones y descripciones tienen una validez limitada a mi campo de referencias y son, por tanto contingentes
Sociedades policontexturales:

Llamamos "sociedades policontexturales" a aquellas en las que se produce la posibilidad formal de diferentes observaciones simultáneas y se renuncia, por tanto, a la seguridad última de la unidad de la observación. No existe pues un único "Lebenswelt", común a todos los observadores como referencia única, sino que partimos en nuestras observaciones de la pluralidad de mundos y de sistemas de referencias[1].

En una sociedad policontextural la diferenciación no contempla un horizonte dentro del cual alguna actividad parcial pueda pensarse como esencial, pues todas lo son. Asumo este neologismo tomado de los escritos recientes de Niklas Luhmann en el sentido, referido inicialmente a una disposición del arte de tejer (la trama o entramado), del significado que recoge el Diccionario para "Contextura", de "Compaginación, disposición y unión respectiva de las partes que juntas componen un todo" [2]. A diferencia del "Contexto" (y el admitido adjetivo "contextual") que tiene como referencia primaria un entorno, la contextura se refiere a la complejidad del sistema. Se refiere con ello también a que la complejidad implica tal cantidad de posibilidades que obliga a proceder selectivamente. Además de la significación tomada de G. Günther, nos interesa en este contexto señalar otra de las características de este tipo de sociedades. Me refiero al excedente de posibilidades (no sólo excedente cuantitativo, sino también cualitativo) que nos obliga a los ciudadanos de tales sociedades a proceder selectivamente. El mantenimiento de la multiplicidad de posibilidades implica que el sentido está siempre vinculado a lo plural por lo que la reducción de posibilidades nunca puede formularse binariamente («o esto o lo otro») sino, al menos, ternariamente («esto, lo otro o lo de más allá»). Esto tiene consecuencias para el sistema político y para la forma «democracia».

  • Por todo esto, en las sociedades policontexturales siempre es posible "elegir de nuevo"[3]
  • es decir la operación de la decisión se produce en el tiempo y genera bifurcaciones temporales reversibles

por ello el "modo de proceder" en estas sociedades es el de la recursividad Pero se produce también otro fenómeno vinculado a las existentes relaciones de "Religión" y "Poder" que en ellas se dan. La experiencia de lo plural se puede vivir de diferentes maneras por diferentes grupos de personas. Cuando se ha tenido experiencia (caso de mi generación) de una estrecha relación entre el poder y la religión con el resultado de una exclusión de otras posibilidades, la tendencia predominante, al menos durante algún tiempo, fue la de emplear la religión para acabar con un poder[4]. Algunos no se han limitado a practicar esa forma de lucha política en aquellos tiempos tan específicos, sino que han mantenido una posición de crítica permanente de cualquier tipo de poder desde la perspectiva de una religión entendida como fuerza de intervención intramundana. Con ello tiene que ver alguna de las interpretaciones de los procesos de "Secularización". Las dos generaciones posteriores (los que actualmente nos gobiernas y las nuevas generaciones de jóvenes) sólo tienen de esa experiencia unas referencias vagas y lejanas. Ellos han vivido en democracia desde hace más de veinticinco años, han tenido escasos contactos con culturas y organizaciones religiosas y siempre han conocido una pluralidad de poderes con las correspondientes alternancias. Unos han llevado a cabo un proceso de "sustitución funcional" de los rendimientos de las organizaciones religiosas por la cultura y las organizaciones del campo de la ciencia y no han tenido que cuestionarse los orígenes de la legitimidad de los poderes establecidos. Ignoran aquél curioso concepto que nosotros empleábamos de "Poderes fácticos", muy alejados de los actuales sistemas de legitimidad social y política. Mientras tanto, otros, los más jóvenes, en su mayor parte sólo han percibido los fenómenos religiosos como formando parte del mundo mediático del espectáculo[5]. Las últimas actuaciones del terrorismo internacional, vinculado mediáticamente al islamismo "fundamentalista"[6], han resaltado como mensaje central el de la muerte de los infieles inducida por individuos de origen y proveniencia religiosa. En el «eje del bien» las referencias a Dios y a la religión también están presentes como legitimación de actuaciones bélicas. La religión sería entonces "la causa" de tanto mal y tanta muerte.

Las tradiciones del Absoluto:

Resulta un tanto vergonzante (o provocador) tratar esta cuestión en una sociedad que se regula por normas establecidas democráticamente. Parecería estar claro que cualquier referencia a la verdad, a la ley, al bien público está sometida a posibles variaciones y que se excluye por principio toda pretensión de permanencia más allá de las coordenadas espacio-temporales de cualquier afirmación legal o cualquier poder legítimo. Al contrario, la permanente tarea de legitimación de los poderes sería la regla de nuestras sociedades.

Durante muchos siglos hemos vivido la constante subordinación del orden social al orden establecido trascendentalmente por diferentes sistemas religiosos. Creíamos habernos liberado de esa referencia obligatoria y vemos, sin embargo, que diferentes formas y ejercicios del poder buscan revestirse de características últimamente sacrales, fuera del territorio y de la variación temporal. Estos procesos de construcción de la realidad como única se pueden especificar del siguiente modo.

Cuadro I
INSTANCIAS HISTÓRICAS DE CONSTRUCCIÓN DE REALIDAD(ES)
Subsistemas Organi-zaciones Medio Código Programas
RELIGIÓN Iglesia Sentido Inmanencia / Trascendencia Salvación Confesión
POLÍTICA Estado
Control
Público / Privado Bienestar Gestión
ECONOMÍA Mercado Dinero Producción / Consumo Felicidad Uso / Cambio
INFORMACIÓN Medios Imagen Público / Audiencia Noticias Entretenimiento
Elaboración propia: Juan-Luís Pintos

Este Esquema es sólo una sugerencia de tipo general, que por supuesto, no pretende dar cuenta de todos los procesos, ni de todas las instituciones implicadas (p.e. faltarían la familia y otras) en las secuencias fragmentarias de atribuciones funcionales en unas sociedades específicas. Entre las instituciones se indican aquellas cuyas organizaciones están más directamente implicadas en la producción de sentido en nuestras sociedades "modernas" y "posmodernas". Por "Medio" entendemos el campo o el ámbito en el que se produce el sentido y que vendrá especificado por diferentes formas propias que son la materialización del sentido en dicho ámbito. Las dos últimas referencias tienen que ver con el modo de operar de los sistemas diferenciados funcionalmente. Utilizan códigos específicos basados en la distinción que constituye su clausura y su apertura y se desenvuelven en programas particulares que actualizan determinadas posibilidades y no otras. Lo que es preciso subrayar en este momento es la pretensión de cada uno de los sistemas de establecer una única realidad (la definida desde su perspectiva sistémica) como vinculante para todos los demás. Sería ese el modo actual de formular las pretensiones de absoluto a las que los ciudadanos nos vemos constreñidos. Esta sería la paradoja central de las sociedades policontexturales: que una vez desalojados los distintos poderes de su nicho de supuesta atemporalidad ("eternidad") y validez permanente para cualquier contexto ("universalidad") siguen empleando como recurso epistemológico esa posición privilegiada. Porque si se admitiera por los diferentes poderes la constitución de su referencialidad por realidades múltiples perderían definitivamente su poder, como único, y tendrían que situarse en la competencia plural por definir realidades y conseguir que diferentes ciudadanos las crean y actúen en consecuencia.

Alternativa comunicativa:

Se produce hoy una recuperación de la situación histórica anterior, en la que la religión y el poder estaban hermanados con la misma funcionalidad de definir la realidad como única (para una la celestial, para el otro la terrestre) y la correspondiente exclusión de la contingencia (las cosas pueden ser de diferentes maneras) y la temporalidad (la legitimación de hoy puede ponerse en cuestión mañana). Este proceso es el que está tomando fuerza desde mi perspectiva de observación en el comienzo de este siglo XXI. Las organizaciones del sistema de la religión están siendo desposeídas (y en parte han ido abandonando por falta del personal a ello dedicado) de las funciones de asistencia social que el Estado se ve en la imposibilidad de asumir (y ahí aparecen las organizaciones autodenominadas "No gubernamentales" o "No lucrativas" de tan fuerte implantación en nuestros países en los últimos diez años). Pero también están entrando en competencia exitosa los mercados especializados en las "situaciones límite"[7], ya sean de festejo (nacimientos, aniversarios, bodas, etc.) o de duelo (enfermedades y muerte)[8]. La omnipresencia del terrorismo en el ámbito informativo vuelve a plantear cuestiones que nos atañen de modo absoluto, a nuestra vida o nuestra muerte. Las capacidades de trivialización[9] del sistema de los medios masivos[10] que hasta hoy parecen inagotables están encontrando dificultades para convertir unos hechos execrables en espectáculo digerible por una audiencia que cada vez deja de estar menos cautiva de la "seducción del caos".

La forma policontextural que adoptan nuestras sociedades, como hemos explicado más arriba, nos obliga a vincular la pluralidad de realidades en construcción con la pretensión de acceso a la verdad que se planteaba en otros tiempos. La cultura ya no está constreñida por un marco de comprensión o una definición única sino que se mueve en el campo de lo plural. El mantenimiento y la defensa de esa pluralidad sería una idea regulativa básica de las prácticas concretas de comunicaciones intersistémicas e intrasistémicas. Esta orientación pragmática estaría fundada en un nuevo programa de actuación democrática de las instancias que intervienen en los campos sistémicos diferenciados. El programa de sustituir la centralidad del poder por la recurrencia de la comunicación. Sobre esto volveremos en las conclusiones de nuestro estudio Si bien este programa puede suscitar reacciones adversas por parte de organizaciones representativas, pues no es convertible inmediatamente en votos partidistas, a medio y largo plazo producirá el efecto deseado de convertir a los "clientes" en "participantes", lo que parece ser el mejor beneficio del sistema democrático.

Para seguir trabajando:

Para concluir nuestro análisis y nuestra propuesta vamos a sugerir algunas líneas teóricas y prácticas que nos permitan comprobar en el terreno de lo concreto la validez de las teorías expuestas[11].

  1. La posición epistemológica en la que nos situamos nos ha permitido observar otros procesos y otras formas de entender el sistema de la religión como sistema funcionalmente diferenciado en sociedades policontexturales. Reconocemos la existencia y la validez de otras perspectivas sociológicas para dar cuenta rigurosa de los mismos procesos, pero plantearemos las exigencias de explicitación de la posición epistemológica desde la que realizan sus observaciones.
  2. En particular nos parece que todas las observaciones que presuponen una "realidad" ontológicamente concebida más allá o por encima de las diferencias epistemológicas referidas a distinciones directamente observables establecen de alguna forma una afirmación de absoluto totalmente incontrolada.
  3. La perspectiva constructivista operativa en la que nos movemos para la producción de observaciones afirma expresamente que su punto de partida es la diferencia y la unidad de la diferencia y que por tanto nuestras observaciones no se refieren al "Sistema" sino a la unidad de la diferencia «sistema / entorno» que articula las diferencias funcionales que podemos encontrar en los diferentes sistemas sociales. No necesitamos, pues, una unidad ni identidad de la sociedad para poder observar los fenómenos sociales.
  4. La realidad lo es para un observador. No hay primacía lógica ni ontológica de la cosa sobre la palabra. Las palabras (observaciones, descripciones, explicaciones) definen el conocimiento de las cosas.
  5. Los gestores y decisores de las diferentes organizaciones públicas y privadas se han visto recientemente (en los últimos diez o quince años) cuestionados desde diferentes instancias internas y externas por diferentes, ajenas y, muchas veces, contrapuestas "percepciones de la realidad". Esto ha supuesto un incremento difuso y disperso de la falta de legitimidad de las instancias decisorias y un enorme desconcierto ante la necesidad de "tomar medidas" para recuperar las posiciones perdidas.
  6. Correspondientemente, los científicos sociales (sociólogos, psicólogos sociales, historiadores, antropólogos, sociosemióticos, etc.) nos hemos visto en la necesidad de reconsiderar "lo que teníamos por realidad" en la tradicional perspectiva positivista. No sólo nos encontrábamos con la crítica básica a la "objetividad" de los datos, a su contingencia temporal o a su unilateralidad y linealidad, sino que empezaban a aparecer fenómenos que no eran susceptibles de ser cuantificados por las habituales unidades de medida positiva. Nos enfrentamos así a una situación nueva: la observación de la diferencia más allá del establecimiento de las identidades. Esta situación se ha vuelto más problemática porque la referencia a las certezas derivadas de las ciencias "bien constituidas" se ha vaciado de sentido por el largo proceso de incertidumbre generalizada en las ciencias físicas vinculada a nuevas teorías (Planck, Einstein, Bohr, De Broglie, Heisenberg, Gödel, etc., etc.) que han invalidado inapelablemente las premisas básicas del conocimiento (distinciones causa/efecto, sujeto / objeto, totalidad/parte, verdad/error, etc.). Nos enfrentamos entonces a la necesidad de recuperar los procesos básicos de establecimiento del conocimiento y sus mecanismos de control de accesos a "la realidad"[12].
  7. El proceso básico es el del conocimiento que se establece mediante el mecanismo de la observación. La realidad no es el atributo existenciario de un objeto o de una situación, sino la construcción de un observador. Todo lo que sea realidad es realidad para un observador. El observador tiene su propio punto ciego que lo sitúa en un lado y no en el otro de la distinción con lo que ignora la distinción con que está operando. A través de una observación de segundo orden es posible observar la distinción con la que el observador de primer orden opera. El conocimiento sólo es posible porque no tiene ningún acceso a la realidad excepto a través de si mismo. El conocimiento se produce por medio de operaciones de observar y de señalar observaciones (y descripciones). Esto incluye observar observaciones y describir descripciones. El observar tiene siempre lugar cuando algo se diferencia y cuando se señala en dependencia de la distinción (Luhmann).
  8. Las Ciencias sociales renuncian por tanto a la explicación de la totalidad social, porque el observador está siempre situado en un lado (la sociedad que observa) y no en el otro de la distinción (un mundo indiferenciado). Sólo trata de hacer descripciones de "lo observable", que se constituye como tal en un medio en el que se pueden realizar distinciones diversas con dos lados (uno marcado, por la posición del observador, y otro no marcado del que "no sabemos lo que no sabemos") unificados por una forma. En el medio de "los individuos" se puede establecer una distinción con dos lados ("hombre" y "mujer") en uno de los cuales estará siempre el/la observador/a; la unidad de esa diferencia sería la forma "persona"[13]. Sería un grave error epistemológico, según Luhmann, creer que "las sociedades como grupos de hombres o como territorios pueden ser observadas desde fuera"[14].
  9. Las sociedades actuales, estos espacios y tiempos caóticos en los que creemos vivir, hay que pensarlas bajo el concepto de "policontexturalidad"[15]. Vivimos en sociedades policontexturales de elevada complejidad. Vivimos en sociedades que ya no disponen de centros ni vértices como referencias únicas o totales de sentido para todos. Tenemos que enfrentarnos con situaciones de elevada complejidad y no disponemos de un repertorio de saberes que nos permitan en cada momento situarnos inequívocamente en un determinado ámbito de la realidad. Cada sistema social funcionalmente diferenciado tiene la pretensión de que su código particular puede definir la realidad de la sociedad. Pero es su misma diferencia la que los limita recíprocamente. Por eso ha adquirido una importancia excepcional el metacódigo "Inclusión/Exclusión". Cada sistema tiene que estar definiendo y delimitando constantemente el ámbito de operación funcional de su código propio; ello produce efectos de inclusión en los programas que desarrolla y de exclusión para los no afectados. Hay una tendencia actualmente a valorar positivamente los efectos de inclusión de los sistemas parciales en cuanto que la gestión de los gobiernos se reduce en muchos casos a identificar grupos de sujetos para incluirlos en sus operaciones de políticas públicas. Pero esa tendencia tiene como efecto inevitable el de excluir a otros grupos de las mismas, dado que la generalización de los factores de inclusión requieren una infinita obtención de recursos. De ahí los efectos paradójicos de los denominados "Estados del Bienestar" en un contexto de globalización de la información.
  10. El sistema social actual, funcionalmente diferenciado (Sistemas económico, político, científico, educativo, religioso, mediático, etc.), solo puede legitimarse por el ejercicio de su función que consiste en resolver los problemas planteados por los individuos situados en su entorno. No existen los individuos para beneficio del sistema, sino el sistema se justifica beneficiando a los individuos. Estos son los que irritan a los diferentes subsistemas a través de sus exigencias y obtienen así rendimientos que responden a sus expectativas. No hay ninguna instancia que pueda definir puntual o permanentemente estas expectativas. Nadie esta legitimado inicialmente para hablar en nombre de los demás (problemática histórica de la "salvación"). Pero los individuos aislados tienen pocas probabilidades de obtener respuesta a sus propuestas, sea la que sea su posición respectiva en el entorno del sistema. Por esto el funcionamiento satisfactorio de los sistemas socialmente diferenciados requiere la constitución de organizaciones (de diferentes niveles de actuación, públicas, privadas, locales, globales, familiares, profesionales, etc.) a través de las que se pueda evaluar la capacidad de los sistemas de satisfacer las necesidades planteadas. Las organizaciones se definen básicamente como estructuras capaces de tomar decisiones colectivas en base a las informaciones recibidas. Actúan así cibernéticamente, nunca sustantivamente o en base a principios inmutables, sino siempre vinculadas al tiempo, a través de recorridos recurrentes de los procesos sociales.
  11. El poder ya no es, por tanto, el constitutivo propio de la política. El orden de la sociedad no se construye por la subordinación de una parte de la sociedad a otra según el modelo de la dominación, sino por la definición de realidades que puedan ser reconocidas como tales por los implicados. Las actuales asimetrías con respecto a la disposición de poderes en las sociedades de riesgo tiene como consecuencia reiterada la pérdida de poder por parte de los que tienen que reconocerlo como tal para que sea efectivo. En ese juego siempre pierden los mismos. Para algunos, seguir jugando a ese juego es suicida.
  12. Teniendo en cuenta que el mecanismo básico de construcción de las realidades plurales y complejas en las que vivimos son los imaginarios sociales que nos permiten percibir algo como real a través de la articulación del código "relevancia / opacidad"[16], la orientación para el cambio en las reglas de juego está vinculada a la comunicación como operación básica de nuestras sociedades. Los mecanismos comunicativos constituyen a la sociedad como resultado de procesos selectivos de posibilidades que se incluyen siempre en el contexto dialógico de la pregunta y la respuesta y que por tanto no pueden constituirse nunca como absolutos sino como recurrentes procesos de construcción y destrucción de imaginarios sociales en los diferentes sistemas funcionalmente diferenciados. Así es posible limitar el poder y reducirlo a un juego de reconocimiento de resultados inciertos.

[1] Luhmann lo toma de G. Günther ("Life as Poly-Contexturality", en Beiträge zur Grundlegung einer operationsfähiger Dialektik II, Hamburg, 1979)
[2] DRAE, 1984)
[3] Tomado de la novela de Dan Simmons, El ascenso de Endymion
[4] Ver un primer intento descriptivo de esa situación en Juan-Luis Pintos, Un catolicismo "progresista" como forma de religión (Apuntes para el estudio de grupos católicos organizados en la "Transición" del franquismo a la democracia, 1968-1978), en ANTHROPOS, nº 161, octubre 1994, pp. 71-80. Accesible en internet:
[5] Recuérdense los fastos de los viajes mundiales del anterior pontífice que culminan en los magníficos funerales y la elección del nuevo. Todo ello transmitido "en vivo y en directo" por las televisiones de todo el mundo. Añadamos a ello las diferentes "Bodas del año" de los últimos tiempos, los funerales de Lady y la Madre Teresa y tendremos completado las relevancias que construyen las realidades religiosas del último decenio.
[6] Insisto siempre sobre la ajenidad de esa noción vaga de "fundamentalismo" proveniente del área lingüística anglo-americana. Nosotros disponemos de conceptos ampliamente asentados en nuestra semántica para referirnos a ese fenómeno, por ejemplo el de "Fanatismo".
[7] Entendidas no en el sentido de lo trágico, tan propio de los existencialismo de los años de la posguerra europea, sino como frontera que se traspasa en la edad, en el espacio, etc. Hay que señalar que los "Media" convierten estas situaciones en espectaculares (catástrofes, atentados, epidemias, etc.) en función de sus propios mecanismos sistémicos de construcción de realidades.
[8] Ver mi trabajo: Pintos, [2005] Accesible también en Internet: http://www.usc.es/cpoliticas/mod/book/view.php?id=878
[9] Ver artículo citado en nota anterior pp. 570-576
[10] A los que más bien habría que denominar: "Nuevo sector productivo de fabricación de realidad". Ver la explicación de esta denominación en http://www.usc.es/cpoliticas/mod/book/view.php?id=794
[11] Ver una serie de propuestas ya formuladas en 1990: Pintos, [1990c] 116-118. Accesible en Internet: http://www.usc.es/cpoliticas/mod/book/view.php?id=921
[12] Véase Pintos, [2001] 7-25.
[13] Véase Niklas Luhmann, La forma "persona"(1995), publicado en castellano en N. Luhmann, Complejidad y modernidad: de la unidad a la diferencia, Madrid, Trotta, 1998, pp. 231-244.
[14] Niklas Luhmann, Die Gesellschaft der Gesellschaft, Frankfurt, Suhrkamp, 1997, p. 25. Recordemos las dificultades que siempre han tenido las ciencias sociales para definir los distintos tipos de sociedades desde perspectivas globales. Recordemos la en otros tiempos muy extendida de "Tradicional" y "Modernizada" (que tantas investigaciones ha dejado en Galicia) y en la que siempre se llegaba a la misma conclusión: transición de lo tradicional a lo moderno. También tuvieron su vigencia las denominaciones "Industrial", "Postindustrial", "Consumista", "de Masas", "Capitalista", "Neo-capitalista", "Socialista", "Comunista", "Desarrollada", "Subdesarrollada" , etc., etc. Actualmente algunos se siguen sintiendo satisfechos con las vagas denominaciones de "Norte/Sur", "Ricos/Pobres", "Imperiales/Dependientes" y así sucesivamente. Los que utilizan este tipo de descripciones no se dan cuenta de que ya están posicionados en un lado de la distinción, el lado marcado, lo que les impide observar "el otro lado". Es más, pretenden reducir todas las diferencias a una única realidad social. Nosotros tendremos que reconocer la permanencia de la conexión en red de distintos tejidos sociales que se mantienen en la realidad como múltiples mediante la comunicación.
[15] Ver arriba págs. 4-5
[16] En el último decenio se está dando un uso bastante frecuente de la expresión "imaginarios sociales", sobre todo en el discurso mediático, pero también dentro del ámbito académico. Estos usos no suelen estar respaldados por alguna elaboración conceptual sino que se suelen mover en el espacio de las nociones vagas y difusas del tipo: "lo que la gente se imagina", "los deseos ocultos", los tópicos del sentido común, etc. En breve saldrá a la luz el resultado de las investigaciones que vengo realizando para establecer las líneas básicas de una Teoría de los Imaginarios Sociales, que aquí esbozo brevemente y cuyo desarrollo anterior puede consultarse en mi página personal de Internet (JLPintos) o en la del Grupo Compostela de Estudios sobre Imaginarios Sociales (GCEIS). Entre las obras ya publicadas pueden consultarse: PINTOS, Juan-Luis, 1995, Los Imaginarios Sociales. La Nueva Construcción de la realidad social, Madrid, Sal Terrae/Instituto "Fe y Secularidad", 1995; PINTOS, Juan-Luis, 2000, Más allá de la ideología. La construcción de la plausibilidad a través de los imaginarios sociales, en M.A.Santos (Ed.), A Educación en perspectiva, Santiago, Universidad de Santiago de Compostela, 2000, pp. 689-699; PINTOS, Juan-Luis, 2000, Construyendo realidad(es): Los imaginarios sociales, en la revista REALIDAD (U.A. J.F.Kennedy), nº 1 (2001) 7-25; PINTOS, Juan-Luis, 2001, Los imaginarios sociales del delito. La construcción social del delito por medio de las películas (1930-1999), en AA.VV., Política criminal, derechos humanos y sistemas jurídicos en el siglo XXI. Homenaje al Dr. Pedro David, Buenos Aires, Depalma, 2001, pp. 585-610.