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Pecado y delito en sociedades plurales y secularizadas: Una perspectiva sociológica

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PECADO Y DELITO EN SOCIEDADES PLURALES Y SECULARIZADAS: UNA PERSPECTIVA SOCIOLOGICA

Juan-Luís Pintos
GCEIS-USC

Ya no vivimos en los tiempos que otros definen como "felices" en los que se entendía el mundo en el que vivíamos. Nuestra generación fue la última que tuvo la experiencia de ese mundo y que puede echarlo en falta. Independientemente de las posiciones políticas o religiosas los creyentes en los "grandes relatos" (Catolicismo, Comunismo, Socialismo, Liberalismo, Modernismo, Anarquismo, etc.) teníamos certezas y luchábamos por ellas. Era el mundo del orden y la revolución, de la libertad y la explotación, de Dios y el diablo, del cielo y la tierra, de la utopía y la realidad. Era el mundo en el que empezaron a vivir nuestros padres, pero cuando intentaron educarnos e introducirnos sabiamente en él, empezó a esfumarse y nosotros empezamos a no estar tan firmes en nuestras certezas y creencias, que no eran nuestras sino de la generación anterior. Fue relativamente pronto cuando tuvimos que enfrentarnos a la solidez del mundo convertida en cárcel de ideas y de procesos. Como educados en el primer franquismo tuvimos que intentar salir de las certezas y los dogmas a través de un camino igualmente dogmático. Y descubrimos que el conjunto de la doctrina marxista en su robusta solidez de los años sesenta y setenta respondía a nuestras necesidades de reconstrucción de nuestra arquitectura conceptual y moral. ¿Qué mayor atracción para los jóvenes de entonces que la promesa de "salvar el mundo", "luchar por la justicia", o entregarse a la causa de la humanidad?

I

Nuestro acceso a la política fue desmedido. No sabía de cotidianidades. Estaba enfocado hacia "la lucha final" (como rezaba "La Internacional"). Imaginábamos la política como el acontecimiento espectacular ("le grand jour" de los franceses), la toma del Palacio de Invierno, el derrocamiento de la dictadura, la victoria de los pobres y los explotados y la exclusión permanente de cualquier vuelta al pasado. El eslogan de los movimientos de los últimos setenta: "Amnistía y libertad". Amnistía para todos los delitos políticos (incluidas las muertes y asesinatos de ETA, el Frap o los GRAPO) que se situaban en el pasado y fueron cometidos por diferentes militantes de izquierda, y libertad para que se pudieran desarrollar todos los proyectos políticos revolucionarios. No pensamos en aquel momento en amnistiar los delitos de los funcionarios del régimen franquista, ni que los que pensaran de una manera distinta sobre los proyectos de sociedad iban a gozar de la misma libertad que los que teníamos programas de cambiar nuestra sociedad hacia fórmulas socialistas.

En nuestra generación empezamos a diferenciarnos entre nosotros a partir de estas dos cuestiones: la moral y la política. Se abrió entonces una distinción que ha sido utilizada, en forma latente, hasta nuestros días: "los nuestros", los "amigos", los "de izquierdas", los "ilustrados", los "rojos" (a diferencia de épocas anteriores - siglo XIX, 2ª República - no se utilizó el término "correligionario", que indirectamente definía la ideología como "religión"), por un lado y por otro los "reaccionarios", los "fascistas (fachas)", los "conservadores", los "de derechas", los "ultras". Esta neta distinción que sólo aparece en contadas ocasiones como justificación de determinadas decisiones políticas, se va a reproducir al interior de los grupos izquierdistas con ocasión del uso del término "Partido". En los años 60 y 70 el "Partido" era el Comunista, a partir de los 80 será el PSOE. En los 90 deja de haber "el Partido" y empiezan a denominarse "partidos" los diferentes grupos del arco parlamentario, aunque esa renuncia a la relevancia no sea muy bien vista por los que en un tiempo monopolizaron el término. Monopolización paradójica en una democracia, o más bien orientada a la utopía del "partido único" como objetivo a largo plazo de determinados grupos. Indicadores de esa tendencia fueron en los últimos años los "Pactos del Tinell" y el acuerdo de "todos" los grupos parlamentarios contra el Partido Popular. Asimismo, hay que señalar a los que han seguido manteniendo una larga fidelidad a Fidel (Castro).

Como producto de nuestra primera educación y de nuestra posterior lucha contra la misma, nuestra generación adolece de un programa básico de toda democracia posible: un proyecto pluralista que respete las diferentes posturas, perspectivas, sensibilidades y lógicas de los ciudadanos de una sociedad y que excluya la capacidad de exclusión atribuida a cualquier grupo particular. Cuando en repetidas ocasiones se cita el hecho histórico del "ascenso democrático al poder" de Adolfo Hitler se suele simplificar con respecto a los mecanismos entonces legítimos de la República de Weimar. Pasan tres años desde las elecciones de 1930 en los que por encargo del Presidente Hindenburg asumen la jefatura de la cancillería tres presidentes (Brüning, Papen y Schleicher). Sólo hasta el 30 de enero de 1933 puede asumir Hitler la presidencia de un "gobierno de concentración nacional", y sólo hasta finales de ese año puede ordenar autodisolverse a los sindicatos y los partidos, quedando como "Partido de Estado" el Partido Nacionalsocialista de los trabajadores alemanes. Planteado en su complejidad el caso de Hitler merece la pena estudiarse actualmente, cuando las democracias aparecen y se difunden en diferentes latitudes, pero también degeneran y frustran expectativas en muchos lugares. La pluralidad de posiciones diferentes con respecto a las decisiones que se tengan que tomar en el gobierno de un Estado no se puede pasar por alto en cualquier definición posible de democracia. Y junto a ello estaría la negación de los procesos tendentes a excluir del libre juego parlamentario a cualquiera de los partidos que han obtenido escaños en una elecciones generales, salvo, claro está, la pretensión de algunos grupos vinculados al terrorismo de emplear políticamente la violencia y el asesinato, además de los votos para tomar decisiones políticas específicas.

Estos problemas se plantean cuando todavía se confunde la ideología con la política. Hace más de 150 años nos advertía J. Stuart Mill en su estudio Sobre la libertad:

Pero cuando el calor de la lucha se disipó, sin dar la victoria completa a ningún partido, cuando cada iglesia o secta tuvo que limitar sus esperanzas a mantener la posesión del terreno que ocupaba, las minorías, viendo que no tenían la oportunidad de llegar a ser mayorías, se vieron obligadas a abogar por la libre disidencia ante aquellos que no podían convertir. En consecuencia, casi únicamente en este campo es donde los derechos del individuo frente a la sociedad han sido reivindicados según principios bien establecidos, y donde ha habido abierta controversia frente a la aspiración de la sociedad a ejercer autoridad sobre los disidentes. (Mill, 1859, p. 19)

La posición minoritaria va a exigir siempre libertad para su opinión. Es la posición de la tolerancia. Pero cuando la minoría se convierta en mayoría ¿seguirá defendiendo la tolerancia para lo minoritario, lo disidente? ¿No se está procediendo de manera constante un empobrecimiento del desarrollo discursivo ideológico reduciéndose a los tópicos intraparadigmáticos que simplifican la argumentación al nivel de la propia "parroquia"? ¿No se mantiene larvada en nuestra sociedad la tentación permanente de pasar de grupo "hegemónico" a grupo monopólico en la sociedad?

Este problema se nos ha hecho patente al plantearnos la educación de nuestros hijos, de la siguiente generación. Y en ese terreno hemos cometido, generacionalmente, uno de nuestros grandes errores. Educar a nuestros hijos de modo opuesto a como nos educaron a nosotros nuestros padres. Que no sufrieran ellos lo que nosotros habíamos sufrido. Y así hemos dejado de afirmar los límites que configuran cualquier conducta humana, hemos procurado que no les afecte el dolor bajo diferentes formas corporales o psíquicas y hemos renunciado a proponerles una moral o un futuro. ¡Que ejerzan su libertad…!

Esta descripción incompleta y limitada de la perspectiva particular que asumimos en la situación en la que nos ha tocado vivir nos obliga a reflexionar sobre lo que será el núcleo temático de nuestra contribución.

II

  1. ¿Qué sucede en una sociedad cuando desaparece la costumbre de hablar del "pecado" en sentido negativo, cuando no se cometen "pecados", cuando los "pecados" no tienen una sanción?
  2. Este aspecto de los denominados procesos "secularizadores", ¿qué influencia tiene en la percepción del "delito" y el "crimen"?
  3. ¿Cómo es que los planteamientos acerca del "problema del mal en el mundo" han pasado de formularse en términos metafísicos o morales a manifestarse insistentemente en la comunicación cotidiana y bajo formas de la espectacularidad?

En una reciente investigación sobre la Juventud en Galicia (Cabrera & Pintos, 2008)[1] encontramos un dato que podría ser representativo. A lo largo de quince grupos de discusión (8 con jóvenes y 7 con adultos relacionados con jóvenes), con una media de siete participantes por grupo, no aparece un ninguno de ellos la palabra "pecado". Esta técnica de investigación permite observar aquellos temas que se formulan espontáneamente por los participantes del grupo, sin intromisión de la pregunta o la sugerencia del moderador. Pues bien, uno de los temas que no aparecen viene significado por la ausencia, o bajísima frecuencia, de términos vinculados semánticamente al campo de la religión. La religión no es parte relevante de sus vidas o se encuentra clausurada como "tema" no reconocido o sobre el que no se habla (¿tabú?).

Nuestros jóvenes y los adultos con ellos relacionados viven con naturalidad en un mundo secular en el que el pecado, sus condiciones y efectos, es más bien una ausencia. Es más, la propia palabra "pecado" empieza a emplearse en la publicidad con referencias semánticas positivos: "atractivo", "tentación", "aventura", etc.

Inicialmente se puede afirmar que la generación de mayores de 60 años puede percibir esta situación como una "liberación". Muchos recuerdos desagradables se vinculan al campo semántico del pecado, la confesión y la culpa. Pero ¿es igualmente liberadora esta desaparición para las generaciones siguientes? La generación que ahora nos gobierna (entre 40 y 60 años) todavía percibió y experimentó entre sus filas las formas de mal vinculadas al consumo y muerte por ingestión de drogas y la aparición y socialización del VIH, que no fue sólo un fenómeno de las grupos privilegiados sino que azotó a todas las capas de la población. Aprendieron en su propia carne que hay cosas con las que no se puede jugar y trataron de que la generación siguiente no cometiera sus mismos errores. Pero para los que les siguieron (20 a 40 años) la cosa ya fue distinta. No hay noción de pecado ni experiencia de mal. Los "malos rollos" ni son infracción de la ley ni exigen un cambio de plano, alguna instancia trascendental. Es una generación sin sexo problemático y sin miedos a las prácticas violentas. Desde una perspectiva sociológica viven lo secular y lo laico como nosotros vivíamos "lo natural". Por ello, rotas las ataduras jerárquicas en todos los órdenes de la vida (sexo, política, economía, religión, educación, ciencia, etc.) se enfrentan a la responsabilidad de decidir y, en general, deciden no decidir.

Para las generaciones siguientes a la nuestra no se han producido las resemantizaciones correspondientes a las situaciones anteriores. Delito como "ofensa" a la Divinidad (Génesis, 3), delito como crimen entre hombres (Génesis, 4), delito como trasgresión de la ley (Éxodo, 32).

El mantenimiento de la semántica de esos relatos míticos nos proporciona una primera constatación: el campo de determinadas conductas humanas tradicionalmente rechazadas por los grupos de referencia de los individuos se regula por una distinción "Dios / Mundo". Dentro del discurso mítico no existen delitos ni crímenes si no están vinculados a la divinidad. De ahí la conclusión que sacaba Iván Karamazov: "Si Dios no existe, todo está permitido", que tantas páginas y comentarios ha provocado y sigue provocando, hasta convertirse en otra afirmación distinta: "Como Dios no existe todo está permitido". Por eso ironizaba Sartre, paradójicamente, en su autobiografía:

"Un ateo era un original, un furioso al que no se invitaba a comer por miedo de que "tuviera una salida", un fanático lleno de tabús que rechazaba la obligación de arrodillarse en las iglesias, de casar en ellas a sus hijas y de llorar allí deliciosamente, que se imponía el probar la verdad de su doctrina por la pureza de sus costumbres, que se encarnizaba contra sí mismo y contra su felicidad hasta el punto de quitarse el medio de morir consolado, un maníaco de Dios que veía por todas partes su ausencia y que no podía abrir la boca sin pronunciar su nombre; en resumen, un señor que tenía convicciones religiosas. El creyente no las tenía. […] La buena sociedad creía en Dios para no tener que hablar de él. ¡Qué tolerante parecía la religión! ¡Qué cómoda era!" (Sartre, 1964: 90)

Para Sartre la moral tenía sentido fuera de la distinción "Dios/Mundo". Así también para otros muchos a lo largo de la historia. Pero más allá de las conciencias, ¿qué ha sucedido en las sociedades occidentales para que esa distinción deje de tener sentido?

No voy a entrar aquí en la discusión que viene produciéndose en los últimos años acerca de la secularización o reencantamiento del mundo (Pintos, 2010). Vamos a asomarnos a la contemplación de algunos "espectáculos" que suceden en los últimos tiempos y que nos pueden proporcionar cierta orientación a nuestra búsqueda actual.

Tratando de encontrar una respuesta actual hemos realizado una búsqueda en Google, tomando la palabra "pecado" como objetivo de la misma. No encontramos un número de registros excesivo (8.400.000 registros), sobre todo si lo comparamos con un resultado de una búsqueda semejante con la palabra "culpa" (23.400.000 registros). Pero, más allá de esas referencias cuantitativas virtuales nos interesó escrutar cómo se distribuían los registros específicos según campos semánticos o perspectivas específicas a las que vincular los posibles significados. Analizando los cincuenta (50) primeros registros nos encontramos cinco campos semánticos con muy diferentes relevancias

Cuadro 1

Eje semántico

Cantidad

Descripción

INFORMATIVO

18/50

Referencias generales, Wikipedia, Diccionarios, Glosarios, etc.

CREATIVO

17/50

Arte, literatura, música, espectáculos, video, internet

RELIGION CATOLICA

11/50

Referencias religiosas católicas de instituciones y documentos oficiales

MERCADO

3/50

Registros vinculados a algún tipo de relación mercantil

PROPAGANDA

1/50

Registro de expresión ideológica

Como se puede observar son los tres primeros ejes semánticos los que contienen la gran mayoría de los registros, mientras que las relevancias minoritarias son azarosas, pero interesantes.

En un segundo momento del análisis, después de repasar todos los registros y abriendo las páginas correspondientes, nos encontramos con algunas variaciones que sin modificar las relevancias les dan un matiz interesante. De las 18 referencias que aparecen primariamente como espacios "informativos" resulta que ocho (8) de ellas se incluyen en webs construidas por grupos religiosos (no necesariamente católicos), y una pasa a tener una clara referencia al mercado. El segundo bloque que hemos denominado "creativo" nos ofrece mayoritariamente referencias a telenovelas y a canciones; muy poco de cine y literatura. Con respecto a los cuatro registros vinculados al mercado los espacios específicos a los que se refieren son: una franquicia sex shop, una marca de lencería femenina, una marca de chocolates y la invitación a una "red social" argentina. Corregimos así el cuadro anterior:

Cuadro 2

Eje semántico

Cantidad

Descripción

RELIGION VARIA Y MAYORITARIAMENTE CATOLICA

19/50

Referencias religiosas (y/o católicas) de instituciones y documentos oficiales

CREATIVO

17/50

Arte, literatura, música, espectáculos, video, internet

INFORMATIVO

9/50

Referencias generales, Wikipedia, Diccionarios, Glosarios, etc.

MERCADO

4/50

Registros vinculados a algún tipo de relación mercantil

PROPAGANDA

1/50

Registro de expresión ideológica

El que hemos calificado como "propaganda" resultó ser un artículo del diario El País acerca de la supuesta pretensión de los obispos españoles de identificar pecado con delito y delito con pecado. Como el contenido de este registro incide directamente en nuestra cuestión de fondo, dialogaremos críticamente con las ideas expuestas por el periodista.

III

En la historia del Cristianismo se han producido muchas vicisitudes sobre la conceptualización del pecado desde el original atribuido al género humano de diferentes maneras, al personal (individual) y sus ritos correspondientes para obtener el perdón. Desde la Reforma Luterana y Calvinista la teología ha girado en torno al eje de la Salvación de la humanidad y de los creyentes hasta retomarse por la teología católica a partir del Concilio Vaticano II y abordar en su generalidad la "Historia de la Salvación".

Esta perspectiva teológica ha pasado por diferentes vicisitudes en las formulaciones dogmáticas implicadas y en los aspectos organizativos de las sociedades. Desde muy temprano la mayor parte de los grupos religiosos de creyentes han considerado que sólo los que pertenecen a su comunidad tiene garantías de salvación eterna. Se introduce así una nueva distinción en la configuración de la realidad. La distinción entre "inmanencia y trascendencia" que a la larga sustituirá a la de "Dios/Mundo".

La Salvación se refiere siempre como "realidad más allá del mundo" nunca comprobable ni verificable con nuestros instrumentos cognitivos sino sólo accesible en el medio de la fe. Lo relevante entonces es responder a la cuestión de cómo se vincula esa realidad y sus promesas con la experiencia "en este mundo" (inmanente) en el que rigen una formas relacionales sí controlables por los individuos dotados de razón y de lenguaje.

Inicialmente el punto de encuentro se articula con las competencias o poderes que se atribuyen a las estructuras de las dos ciudades agustinianas. De ahí la distinción "Auctoritas / Potestas". Mientras que la organización eclesiástica se atribuye la auctoritas como fuente y raíz de todo poder histórico (poder originario e indivisible, atribuido al Papa, como sucesor de Pedro), la ciudad terrena se rige por la potestas (poder delegado y divisible atribuido a los reyes y emperadores) [Gelasio, 496].[http://www.documentacatholicaomnia.eu/01p/0492-0496,_SS_Gelasius_I,_Epistolae_Et_Decreta,_MLT.pdf]

Sin entrar para nada en la amplia discusión teológico-política que atraviesa las diferentes comunidades cristianas desde S. Agustín hasta el Concilio Vaticano II, escogeremos un ejemplo que a modo de ilustración histórica nos parece interesante: La Partida Séptima del Código de las Siete Partidas (1265) de Alfonso X el Sabio, promulgadas como ley más tardíamente en 1348, por Alfonso XI en el Ordenamiento de Alcalá.

En el comienzo de la Partida Séptima, dedicada a los delitos y las penas se dice lo siguiente:

"Queremos aquí mostrar en esta setena Partida daquella justicia que destruyendo tuelle por cruos escarmientos las contiendas et los bollicios que se levantan de los males fechos, que se facen á placer de la una parte et á daño et á deshonra de la otra; ca estos fechos tales son contra los mandamientos de Dios, et contra buenas costumbres, et contra los establecimientos de las leyes et de los fueros derechos."[Alfonso X, 1284]

Los temas que trata en la partida

{malos fechos, traiciones, rieptos (retos), falsedades, deshonras, homeciellos (homicidios), fuerzas (violencia), robos, furtos, engaños (fraudes), adulterios, violadores, alcahuetes, agoreros, sorteros, adevinos, judios, moros, desesperados que matan a sí mismos o a otros, los que denuestan a Santa María, prisiones, tormentos, perdones}

Es patente el ejemplo de la mezcla de delitos civiles con otros propios del ámbito de lo religioso. Esa mezcla no se percibe como tal pues no está disponible en esos momentos para la observación la distinción "inmanencia/trascendencia" que va a sustituir la diferencia operativa "Dios/Mundo" en cuyo ámbito se mueven todas las realidades mundanas. Cuando el término de la distinción "Dios" llega a hacerse problemático el otro término "Mundo" tiene que buscar su autológica que no llegará a encontrar en el ateísmo, posición neta y decidida que se pone a si misma como ahistórica y que, por tanto, no tiene que adaptarse a las semánticas variables del problema sino expresarse sólo como propia autorreferencia, excluyendo cualquier tipo de heterorreferencias que puedan desquilibrar las argumentaciones pertinentes.

Tendríamos que explicar el largo proceso histórico que autogenéticamente y también con cesuras y discontinuidades ha desembocado en la situación presente. Pero ello requeriría un trabajo arqueológico complejo que no está disponible en estos momentos. Nos bastará con hacer la crítica del artículo periodístico que hemos citado más arriba (pag. 9). El titular es muy característico de una generación atormentada por la culpa, las múltiples culpas, que hicieron sufrir a muchas conciencias: "Tranquilos: el pecado no es delito", así que no hay por qué preocuparse por lo que se supone que quieran hacer "los obispos" con las leyes, porque ya una ministra le recordó al cardenal que "a la Iglesia le corresponde decir lo que es pecado no lo que es delito". Estamos así en una encrucijada ya que previamente se ha decidido que el pecado no es delito. ¿Cualquier pecado? ¿Ningún pecado? ¿Matar, violar, calumniar, robar? ¿Qué se pretende con esta afirmación? ¿Establecer como norma que el Estado no puede declarar delito cualquier pecado o que los pecados definidos por la doctrina religiosa no son nunca delitos? La argumentación que se despliega entonces es la clásica de aducir "autoridades" que critican a "los obispos" y desvelan sus intenciones. El fondo del artículo se adscribe silentemente a la ideología del laicismo progresista que consiste en declararse la mayoría de la población y por ello tratar de impedir que cualquier minoría, en particular la de "los obispos" pueda expresar su opinión discordante. Lo que, a su vez es tomado como discurso oficial gubernamental por algunos obispos que vuelven a hablar por su cuenta, no en nombre de aquellos a los que presumiblemente representan. Me parece encontrar en esta posición una orientación "pastoral" (en el sentido dado a la palabra por Michel Foucault) (Foucault, 2004: 137-185) muy frecuente en la historia de las izquierdas españolas: autorreferirse a sí mismos como lo que no son pero pretenden ser. Son grandes constructores de realidades que logran que una parte de la población se crea los imaginarios por ellos construidos y deje de percibir como realidad cualquier otro discurso.

IV

Este planteamiento nos obliga a revisar qué construcciones de realidad están vigentes acerca del pecado y del delito en vez de utilizar una vez más el tópico discurso de "lamentar la pérdida de valores de los jóvenes en nuestra sociedad" con los consiguientes corolarios de promover una "educación en valores" (y se volverá a preguntar, una vez más: "¿quién educa a los educadores?") y el mandato social reiterado hasta la saciedad de "poner en valor" cualquier tipo de idea, propuesta, proyecto, programa, etc., etc. como si la complejidad de las comunicaciones en nuestras sociedades estuviera regida por autistas.

Dentro de la específica perspectiva sociológica me sitúo en una de las orientaciones que considero más fructífera: el constructivismo sistémico. Y en particular en la línea desarrollada por el sociólogo alemán Niklas Luhmann (1927-1998). Voy a asumir, a mi manera, sus procedimientos metodológicos vinculados a la cibernética, en particular de Heinz von Foerster (1911-2002) y a las bases neurobiológicas de la autopoiesis desarrolladas por los neurobiólogos chilenos Humberto Maturana y Francisco Varela. En el campo del derecho han desplegado sus ideas el italiano Raffaele de Giorgi[2] y el alemán Günther Teubner.

Luhmann no ha abordado en sus numerosos escritos el tema del delito o el crimen[3], aunque sí ha elaborado un riguroso discurso sobre la moral y la ética[4]. Sin embargo, el tema del delito no le ha ocupado particularmente. En cualquier caso vamos a asumir su metodología de observación (Pintos, 1997) que implica trabajar sobre "observadores de primer orden", aquellos que nos cuentan lo que sucede, básicamente los medios de comunicación y sus construcciones literarias y artísticas. Los materiales de nuestra investigación se producen con independencia de los sujetos empíricos, pero observadores de segundo orden y de primer orden pertenecen al mismo mundo y construyen realidades que son válidas para su mundo.

Retomemos ahora el hilo de nuestra argumentación. Si la fundamentación religiosa de la ley civil no es necesaria en absoluto para defender la obligación de cumplir las leyes en las sociedades no confesionales (no abordaremos aquí el asunto de denominarlas "secularizadas" o de "sustitución funcional")[5], los delitos serían derivados no de una fundamentación de la obligación en el mandato divino o del rey sino en una construcción que se produce desde diferentes perspectivas en dichas sociedades. Pero entonces ya no tenemos una delimitación estricta de lo que sea o deje de ser delito. De ahí que la prevención, persecución y sanción de los delitos se convierta en un problema altamente complejo y surjan instituciones y centros de estudio e investigación sobre las temáticas delincuenciales.

A.- Los imaginarios sociales del delito a partir del cine

En una investigación publicada hace no muchos años[6], en la que abordaba las representaciones cinematográficas de los delitos, llegamos a una primera conclusión de la variación que se habría producido en los imaginarios sociales de los delitos. En una primera observación de los campos semánticos más frecuentes en los filmes analizados nos encontramos con los siguientes generados en nuestro caso en los momentos narrativos del daño producido, el juicio que la sociedad realiza sobre tales hechos que define la figura del criminal con el resultado del castigo que se le ha de aplicar. Bajo esos hechos propuestos como relevantes está lo que no se discute, lo que se considera natural, evidente para todos y por tanto supuesto, opaco. En este caso la opacidad se construye sobre el supuesto de que hay una ley que define lo delictivo y una trasgresión de esa ley. Con ello tenemos completo, en sus rasgos más generales el imaginario social del delito tal como empieza a aparecer en las producciones fílmicas desde los años treinta.

Figura nº 1

PERSPECTIVA GENERAL (Tradicional) sobre la construcción del delito

Al continuar nuestros análisis de películas nos encontramos con que en los años setenta comienza un proceso que se podría describir con lo que sucede en las películas del Oeste. Inicialmente se construyen los relatos según el esquema mítico "Bueno/Malo"; persecución del bueno, situaciones de peligro, sufrimiento, recuperación de la posición favorable (con o sin ayuda de otros) y castigo del malo y sus compinches. Posteriormente, se va introduciendo el segundo esquema: "El malo no tan malo", incluso simpático y "el bueno no tan bueno", tramposo, ambicioso, etc.; mientras que el concepto de ley, juicio, y castigo va quedando marginado por la imposición de la violencia directa como única vía eficaz de persecución del delito, y generalizada como instrumento de "resolución de conflictos".

En el caso particular del "cine negro", frente a las tesis de la responsabilidad individual y la culpabilización de las conciencias va apareciendo la tesis conductista de la determinación de los individuos por el medio, con lo que la culpabilidad recae sobre la sociedad, el medio familiar, el barrio, etc. A esto se añade la glorificación de la figura del delincuente (Billy el Niño, Bonny & Clyde...) que va a encontrar su clímax en las historias de mafiosos[7]

El cine de los noventa y de comienzos de siglo nos va a presentar ya al criminal como figura triunfante. ¿Es una propuesta de legitimación del delito? ¿Es el delito organizado un modelo para las formas posibles de orden social en sociedades de cambios bruscos? (Caso de las transiciones de la URSS a Rusia y los nuevos Estados eslavos o asiáticos). ¿Suponen las representaciones de la impunidad de los poderosos una advertencia sobre la imposibilidad del éxito de la crítica política? Aparecen también los delitos como diversión para un grupo de iniciados o de conspiradores mundiales, y se van fijando los tipos de sujetos delictivos (jóvenes, políticos, drogadictos, militares, etc.)

Se produce así un nuevo imaginario del delito a partir de la observación de segundo orden de las películas producidas a partir de los setenta, al que podríamos denominar como "Postmoderno"

Figura nº 2

PERSPECTIVA GENERAL (Posmoderna) sobre la construcción del delito

Los aspectos relevantes serían ahora la multiplicidad de los tipos de delincuentes, el conocimiento abierto de muy variadas formas de procedimientos para delinquir, la generalización de la corrupción y el delito en diferentes estratos y profesiones de las sociedades, y finalmente la sensación de impotencia ante tales hechos generalizados, la correspondiente pasividad en la resolución de los problemas del delito y la correspondiente creencia en una creciente impunidad de los delincuentes de todo tipo.

Estas relevancias pueden estar ocultando una distinción que se mantiene en la opacidad social y es que la cuestión del delito no tiene ya que ver con la ley y los procedimientos judiciales, sino que su código de base es más bien el que rige diferentes ámbitos sociales, en particular el de los negocios y el profesional, es decir el éxito y el fracaso. El delincuente que tiene éxito en la realización del hecho delictivo, bien sea porque permanezca ignorada la autoría, bien porque pueda salir de la jurisdicción penal, bien porque un cambio en la ley penal le favorezca no tiene que preocuparse porque recibirá diferentes tipos de reconocimiento social. Ahora bien, si el delincuente fracasa, es decir si se convierte en sospechoso de la autoría del hecho o si es procesado o condenado por ello, entonces pasa a ser despreciado no tanto por ser delincuente cuanto por haber sido "poco hábil" o "poco profesional"

En los años transcurridos desde estos análisis no parece que haya cambiado mucho el panorama de las construcciones fílmicas de los delitos. Más bien durante algunos años se ha impuesto una línea representativa de la violencia gratuita, mientras que por otro lado el puro gore está siendo sustituido por las películas de terror. Sin embargo, junto a las producciones cinematográficas, se está produciendo una interesante transformación en el campo de los best-sellers.

B.- El caso de "Millenium"

Los bestsellers de finales del siglo pasado se correspondían con un patrón en el que lo central tenía que ver con alguna intriga o misterio que se iba resolviendo por el sucesivo descubrimiento de muy diferentes conspiraciones gracias a la acción y reflexión de unos héroes más o menos comunes sin grandes cualidades pero con mucho sentido práctico. ¿Qué ha variado de ese modelo?

Tomemos el caso de la obra de Stieg Larsson (1954-2004) cuya trilogía

  • Millenium I: Los hombres que no amaban a las mujeres
  • Millenium II: La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina
  • Millenium III: La reina en el palacio de las corrientes de aire

ha sido publicada póstumamente, obteniendo el éxito de ventas que siempre nos cuentan los medios. Aunque esta vez sucede algo curioso: hay diferente gente de tu entorno familiar y de amistad que te comenta que la ha leído apasionadamente, que la leyó de un tirón, que no se puede dejar de leer hasta que la terminas. Además, ¿cómo no? disponemos ya de la versión cinematográfica de los tres tomos en un tiempo record. ¿Por qué me ocupo de este fenómeno que algunos denominan "sociológico" dentro del discurso que venimos exponiendo sobre el "delito/pecado"?

Fue al terminar de leer el primer tomo cuando caí en la cuenta de lo que sucedía y pude comenzar entonces a realizar una observación de segundo orden.

La narración tiene dos protagonistas: un periodista en apuros al que acaban de condenar a tres meses de prisión por difamación, Mikael Blomkvist, y una chica joven con grandes destrezas informáticas que ha investigado al periodista por encargo de un grupo industrial familiar y no le ha encontrado cadáveres en el armario. Responde al nombre de Lisbeth Salander. Vamos a seguir el desarrollo de la acción desde las percepciones de estos protagonistas, auxiliados siempre -siguiendo el canon de las funciones narrativas de los mitos de Vladimir Propp- por diferentes personajes que les facilitan su tarea. ¿Cuáles son los datos relevantes de estos personajes?

Mikael Blomkvist

Lisbeth Salander

Problemático tranquilo

Dependiente (tutela)/Independiente

Promiscuo incierto

Polimorfa sexual (independiente)

Autorreflexivo arriesgado

Hacker vinculada a la red

La tarea que va a hacer confluir temporalmente a estos dos personajes es un encargo que les hace el jefe de una familia propietaria de un fuerte grupo industrial actualmente en decadencia, Henrik Vanger, para que resuelvan el enigma de una desaparición, 36 años antes, de la niña Harriet Vanger de 16 años, a la que supone asesinada por algún miembro de la familia.

A lo largo del primer tono de la trilogía se plantea y resuelve este enigma. El proceso narrativo va a tomar como relevancias cuatro "mundos" o "ámbitos diferenciados" que se van entretejiendo siguiendo las técnicas propias de la novela negra que giran en torno al suspense acerca de si conseguirán o no su objetivo. Una vez conseguido, aclarar la desaparición de Harriet, se resuelven a modo de corolarios algunos flecos que darán pie a la continuación de la acción de los protagonistas en el segundo volumen.

MUNDO DEL CONOCIMIENTO

Revista

Redacción

Propiedad

Prestigio

Periodista

Investigación

Riguroso

Pasivo

Hacker

Información

Rigurosa

Misteriosa

Policías

Formales

Resignados

Poco eficaces

Distinciones

Confianza/Desconfianza

Resultados/Medios

Garantía/Osadía

Estas son las relevancias de las que se parte en el relato y que tratan de representar como realidad para el lector la perspectiva del autor. Pero estas relevancias suponen una opacidad básica que nunca sale a la luz: la pretensión de que las investigaciones realizadas van a acceder a la verdad de los hechos. No basta con aspirar, buscar sospechar cual sea la verdad (realidad única), sino que se puede (y debe) acceder a ella, llegar, establecer inequívocamente una realidad.

MUNDO PRIVADO (FAMILIA)

Familia Vanger

Corrupción

Perversiones

Sucesión

Trío (Redacción)

Equilibrio

Pacto

Funcionalidad

Excluidos

Víctimas

Dependencia

Heteronomía

Distinciones

Vínculo/Dominación

Secreto/Miembro

Rutina/Innovac

El mundo familiar tiene todavía relevancia para los grupos del Establecimiento sobre todo con vistas al mantenimiento del poder económico. Pero es precisamente en esos grupos en los que aparece la familia inmediata como fuente de corrupción, de perversiones y de crímenes que hay que mantener ocultos. Se plantea el dilema moral del escándalo y del resarcimiento de las víctimas. Otra parte de este mundo que al autor le parece mas "sana" obvia las dificultades familiares mediante encuentros y pactos entre los individuos, con un principio moral claro: no dañar a terceros. En el tercer grupo, las víctimas de la familia Vanger, la hacker se produce la paradoja del rechazo de las normas y la afirmación de la moral. Lo que de este mundo permanece en la opacidad es el gran desconcierto del autor ante la evolución funcional de la familia (hay muchos solitarios) y la posibilidad de acceder a un modelo viable.

MUNDO SOCIAL (NO POLÍTICO)

Empresas

Corrupciones

Irresponsables

Sometidas a la ley

Instituciones

Ineficaces

Rutinarias

Tradicionales

Medios masas

Manipuladores

Impunes

Autorreferentes

Distinciones

Negocio/Moral

Utopía/Individuo

Tradición/Posmoder

El mundo sueco que en los años setenta fue considerado por las izquierdas europeas un modelo de socialdemocracia y de distribución equitativa de la riqueza se presenta aquí, siguiendo las versiones de otros escritores suecos como Henrik Mankell, como una sociedad en descomposición en la que triunfan delincuentes y corruptos y ya sólo quedan pocos que reclaman pagar impuestos (Mikael Blomkvist). En la opacidad se agazapa el Leviatán. Pero los héroes serán capaces de recuperar un planteamiento moral y conseguir que la justicia prevalezca.

MUNDO INTIMO (INVISIBLE)

Sexo

Violencia

Imaginación

Innovación

Mal

Enemigo

Producido, Generado

Rechazable

Libertad

No determinismo

Poderosos impotentes

Conciencia, Moral

Distinciones

Liberación/Posibilidad

Experimento/Innovación

Amor/Odio

Este ámbito es el estrato más profundo de la superficie de la novela. Muestra la complicidad con los lectores en cuanto que toma como referentes los mismos que el discurso habitual de los medios de comunicación. Por ello constituye la hipervisibilidad de lo invisible que prácticamente puede reducirse al tópico de la violencia universal contra las mujeres. Y a la lucha por la supresión definitiva de esa violencia. Pero no trata de establecer una nueva fundamentación de los hechos delictivos ni una consideración específica de lo justo y lo injusto, sino que asume la especial construcción que nuestro tiempo y nuestras sociedades están estableciendo como delitos tout court.

El principio de justificación de las conductas de los héroes se encuentra en su propia conciencia no en la regulación legal o religiosa. Aparecen nuevos procedimientos, casi siempre cibernéticos en cuanto que se rigen por la información y la decisión como autorreferentes de la acción. Por ello los hechos que se investigan hacia el pasado son siempre selección de posibilidades del presente. Los peligros de la lucha por acceder a la verdad se han convertido en riesgos para los afectados que pueden tomar decisiones en el presente que varíen sus futuros alternativos.

V

Cuando el honesto ciudadano quiere cumplir con su deber de estar informado de lo que sucede acude puntualmente a la contemplación de los telediarios de alguna de las cadenas de televisión, públicas o privadas, o a alguno de los periódicos que todavía se venden en los quioscos. Sin pretenderlo, hay muchos días que llega a tener noticia de más de veinte delitos en muy poco tiempo. En muchos casos, relatados con todo lujo de detalles sobre todo si son del tipo "violencia doméstica". Con suerte, si al delito no ha seguido el suicidio del delincuente, nos encontramos al sospechoso procesado, juzgado y condenado. Esto sucede actualmente con varios tipos delictivos que los directivos de las empresas informativas consideran apropiados para incrementar la audiencia de la cadena, del periódico o del multimedia. Tenemos así al delito presente en el discurso comunicativo con una frecuencia proporcional no al número o tipo de delitos sino a las expectativas de incrementar los beneficios económicos de las empresas.

Tendremos así una característica que señalan las sociedades actuales: el delito es "información sobre el delito". Los delitos no entran en los discursos de la comunicación por su gravedad penal, por la alarma social que producen, por el incremento de los temores de la inseguridad o por su perfección tecnológica sino por la expectativa de incremento de las audiencias.

En los tiempos clásicos al principio aludidos de los que estamos saliendo, la pregunta era "¿Qué es un delito?", "¿Por qué se produce?", "Cómo castigarlo", "Cómo prevenirlo". El delito parecía tener una entidad independiente de las diversas perspectivas que lo consideran. Estamos saliendo de la perspectiva global que hasta ahora organizaba nuestros conocimientos: la suposición de que las cosas y los hechos son independientes de los observadores, tienen una entidad sustantiva, ontológica. Ese supuesto estaba subyaciendo a todos nuestros intentos de llegar a un conocimiento científico de la realidad que nos rodea. Las cosas, las acciones, los hechos tienen una entidad ontológica y esa es su realidad.

Desde las consideraciones fenomenológicas de Husserl a comienzos del siglo pasado esa certeza ha ido perdiendo peso hasta llegar a las actuales "formas líquidas" de presentarse las realidades. Por eso, desde hace decenios, ya estamos ocupándonos de considerar los fenómenos sociales no como "cosas" (Durkheim) sino como construcciones.

Ello nos ha llevado a abandonar determinados conceptos que fueron útiles en las investigaciones del siglo pasado, pero que hoy han perdido la dureza de lo explicativo. Me refiero a los miles de veces empleados en las definiciones de los delitos, como sujeto/objeto, causa/efecto, esencia/existencia, etc. que producían el efecto benéfico del orden, al menos en las mentes de los grupos sociales dominantes.

Es curioso que cuando periodistas y "expertos" quieren ahora (octubre 2008) señalar la gravedad de la "crisis" se utilicen expresiones tales como "cambio de paradigmas, de modelos". Es muy distinto pasar del "modelo A" al "modelo B" o al "modelo X", que pasar a lo que empieza a entrar en las conciencias de algunos ciudadanos: "No hay modelo". Establecer disquisiciones acerca de las "etapas" de un sistema económico puede resultar muy interesante académicamente o para participar en una tertulia televisiva. Pero para lograr entender algo de lo que nos pasa es irrelevante.

Lo mismo sucede con los conceptos de Ley, trasgresión, delito, delincuente, prevención, integración, sanción y así otros muchos. Pertenecen a una etapa acabada, a la etapa en que el conocimiento se regía por la identidad y no por la diferencia. "Realidad es solamente aquello que es observado" [Luhmann, 1990: 230].

En nuestras sociedades complejas, que son complejas no porque no las entendamos, sino porque el incremento de posibilidades nos obliga a actuar selectivamente, no necesitamos encontrar un "Fundamento" de la Ley o de la transgresión de la ley sino que tendremos que ocuparnos de cómo se construye la realidad de los delitos. Y esta realidad la establecen los observadores (de primer y de segundo orden) realizando observaciones que a su vez puedan ser observadas posteriormente para poder mantener una lógica cibernética en vez de una lógica lineal que nos permita descubrir e inventar caminos de conocimiento. Conocimiento concebido como un entrelazado de información y decisión que implique nueva información y nueva decisión ("rectificación"), según establecen los procedimientos cibernéticos.

Porque el "Universum" ha devenido en "Pluriversum". La hipótesis del "Ojo de Dios" que hacía posible la unidad de la realidad dentro de los paradigmas creacionistas, la excepción que aseguraba la certeza a través de un ojo sin punto ciego ha perdido su vigencia (que para algunos recuperará algún día). La larga discusión filosófica sobre lo uno y lo múltiple ha desembocado en un politeísmo constructivista que nos permite establecer diferentes juegos de lenguaje para referirnos a las realidades. La herencia histórica de la Lex como única ha tenido que asumir que lo absoluto sólo puede ser extrahistórico, que cualquier pretensión de definición única de la realidad pasa por negar las otras realidades construidas pluralmente.

Si la crisis actual empieza a tener algún significado este tiene que ver con la negación del mercado como absoluto. El Mercado y su medio universal el Dinero se pusieron a sí mismos como realidad única, negando la política, la religión, la ciencia, el arte en tanto en cuanto iban siendo penetrados por los códigos económicos reductibles al "tener/no tener" (Dinero). El sistema político, entendido al modo de la economía como "tener/no tener" (Poder), fue ya denunciado hace más de veinte años por Michel Foucault y convertido en la multiplicidad de los poderes capilares.

Ya hemos visto más arriba la pretensión de unificar el campo del delito bajo la comprensión, también económica, del éxito y el fracaso. Por ello, en las complejas sociedades policontexturales [Pintos, 2008: 58-61] el abordaje del delito puede salir del encapsulamiento religioso o político para ser tratado como un elemento más del sistema del derecho.

Perspectivas diferenciadas de construcción del delito

REFERENCIAS

Alfonso X, (1121- 1284), Las Siete Partidas.- Madrid, Imprenta Real, 1807 (ed. Facsímile)

BERNSTEIN, Richard J., 2005, El abuso del mal. La corrupción de la política y la religión desde el 11/9, Buenos Aires, Katz, 2006, 225 p.

CABRERA, J. & PINTOS, J.L., 2008, Xuventude galega. Informe de resultados, Santiago de Compostela, Xunta de Galicia, 257 p.

FOUCAULT, Michel,

1997: Hay que defender la sociedad. Curso del Collège de France, 1975-1976, Madrid, Akal, 2003, 275 p.

2004: Seguridad, territorio, población. Curso del Collège de France, 1977-1978, Madrid, Akal, 2008, 405 p.

GELASIUS I, 492-496,

http://www.documentacatholicaomnia.eu/01p/0492-0496,_SS_Gelasius_I,_Epistolae_Et_Decreta,_MLT.pdf]

GIORGI, Raffaele de, 2006, Temi di filosofía del diritto, Lecce, Pensa Multimedia

LUHMANN, Niklas

1990: Soziologische Aufklärung, 5, Opladen, Westdeutscher, 234 p.

1993:El derecho de la sociedad, México, U. Iberoamericana, 2002, 676 p

2008: Die Moral der Gesellschaft, Frankfurt, Surkamp, 402 p.

MILL, John Stuart,

1859: Sobre la libertad, Madrid, Aguilar

PINTOS, Juan-Luís

1997: La nueva plausibilidad: La observación de segundo orden en Niklas Luhmann, publicado en la revista Anthropos, nº 173/174 (1997) pág. 126-132 http://www.usc.es/cpoliticas/mod/book/view.php?id=797

2003: El metacódigo «relevancia/opacidad» en la construcción sistémica de las realidades, Publicado en RIPS (Revista de Investigaciones Políticas y Sociológicas), vol. 2, nº 1-2, 2003, pp. 21-34. Accesible en internet http://www.usc.es/cpoliticas/mod/book/view.php?id=784

2008: Los conflictos de racionalidades. Perspectiva sociológica, en el libro Conflictos de racionalidades, editado por Lydia Feito, Madrid, UPC, 2008, 232 pág. El artículo esta en las pp. 51-85 http://www.usc.es/cpoliticas/mod/book/view.php?id=1101

2010:Recorridos por la religión, Madrid, Akal, 2010, 128 p.

RICOEUR, Paul,

1960, Finitud y culpabilidad, Madrid, Taurus, 1969, 718 p.

2000, La mémoire, l'histoire, l'oubli, Paris, Seuil, 695 p.

SANCHEZ NORIEGA, José Luís, 2004, Diccionario temático del cine, Madrid, Cátedra, 612 p.

NOTAS

[1] Realizada por el GCEIS (Grupo Compostela de Estudios sobre Imaginarios Sociales) del que forman parte Julio Cabrera, Ester Filgueira, Carlos Allones, Enrique Carretero y yo mismo, por encargo de la Dirección General de Juventud de la Xunta de Galicia.

[2] Puede verse el interesante artículo sobre la temática que nos ocupa, "Diritto e reato nel secolo XXI", publicado en la obra Raffaele de Giorgi, Temi di filosofía del diritto, Lecce, Pensa Multimedia, 2006, pp. 83-96

[3] Si bien se ha ocupado extensamente de estudiar el derecho como sistema funcionalmente diferenciado de la sociedad: El derecho de la sociedad, México, U.Iberoamericana, 2002, 673 p. La edición original alemana es de 1993

[4] Muy recientemente se ha editado un recopilatorio de los artículos dedicados al tema: Die Moral der Gesellschaft, Frankfurt, Suhrkamp, 2008, 402 p.

[5] Cfr. J.L. Pintos, "Religión, poder y comunicación. Reflexiones sociocibernéticas sobre procesos sociales complejos", Bandue, nº 1 (2007) 195-214.

[6]J.L. Pintos, Los Imaginarios Sociales del Delito: La construcción social del delito a través de las películas (1930-1999), publicado en AA.VV., Política criminal, derechos humanos y sistemas jurídicos en el siglo XXI. Homenaje al Dr. Pedro David, Buenos Aires, Depalma, 2001, pp. 585-610, Accesible en internet, http://www.usc.es/cpoliticas/mod/book/view.php?id=789

[7] Hay que tener en cuenta las fechas tan tempranas de producción de El Padrino I y II (1972 y 1974), la irrupción de Sergio Leone en los ochenta que combina películas del Oeste y de mafia (Erase una vez en América, 1984), y la coincidencia en 1990 de El Padrino III, Uno de los nuestros (Scorsese) y Muerte entre las flores (Joel Cohen)