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Sobre los propios imaginarios

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Antes que todo quisiera agradecer a aquel informático que tuvo la brillante idea de utilizar esta excelente aplicación de software libre para la web de GCEIS.

Dentro de mi línea de estudio sobre software libre, me identifico más que como un analista o científico social, como un activista del movimiento, no pretendo volver a recorrer añejos debates como el de la neutralidad axiológica, sino que simplemente dejar de manifiesto que este artículo, así como otros que he tenido el placer de escribir, expresan mis puntos de vista como entendido en el tema, y hasta cierto punto mis propios imaginarios sobre la temática, quizás estoy entregando una mezcla de observaciones, tanto de primer como de segundo orden, por lo tanto dejo el espacio libre a todos los interesados en descubrir mis propios imaginarios o lo que para algunos puede ser "ideología" y poner el tema en análisis…

En este enlace es posible encontrar un primer texto escrito por mí en el 2005 sobre software libre:

Puntualizando

Asumir un compromiso con alguna tendencia social es una opción ideológica legítima que no impide el análisis social, aunque le importe poco. Lo que caracteriza la ideología no es el interés en la situación actual, por definición deplorable, sino la consecución de algún horizonte glorioso para la humanidad, cierta sociedad o algún grupo.

Establecido que cualquier posición ideológica conlleva restricciones operacionales, se constata que, como era de esperar, el concepto de imaginarios (sociales) es utilizado con significados muy dispares.

Si los imaginarios son un asunto privado e individual, cada cual puede hacer de su capa un sayo y poco se puede añadir. Por eso iré a lo concreto:

  • El software libre es una entre muchas licencias de reserva de derechos de propiedad.
  • Nadie en su sano juicio estaría en contra de que los autores cediesen sus derechos como creyesen oportuno.
  • A Microsoft concretamente no sólo no le perjudica, sino que le beneficia, la existencia del software libre. El negocio de Microsoft no es someter a la humanidad, especialmente al tercer mundo, a la más abyecta de las servidumbres. Demonizar una empresa beneficia a otras empresas, no al consumidor ni al ciudadano.