“Son cosas de la edad…” nos dicen cuando nos quejamos de determinados achaques. Algunos se sorprenden. De golpe les parece que han pasado de los gloriosos treinta a los grises cincuenta. Otros se vuelven nostálgicos y pretenden convertir su memoria individual en “histórica”. En determinadas épocas “la edad” es el toro que hay que lidiar casi cotidianamente y cuando se amaestra lo cotidiano te topas con la muerte. Como cualquier época de la vida, la vejez es un aprendizaje, una insegura percepción que trata de integrar novedades incómodas en el cierto curso de las rutinas. La vejez es una manera distinta de vivir el tiempo Pero esa forma de vivir el medio «tiempo» puede adquirir algunas variantes de no escaso interés. Hay épocas en las que los individuos coetáneos tienen un concepto bastante diferencial de su «generación». En mi infancia se configuraba como un grupo de edad importante “los que habían hecho la guerra”, que solían acusar a las generaciones siguientes de debilidad, de falta de aguante y capacidad de sacrificio. Bien es verdad que la mayoría hizo lo posible porque no se repitieran los sucesos penosos que los definieron como “la generación de la guerra” y que nosotros aprendimos en negativo las maldades de la guerra precisamente por no haberlas experimentado. Otras generaciones han llegado a la vejez con carreras más individualizadas, con mucho menos sentimiento de pertenecer a una generación específica y no a otra. El tiempo vivido se ha interiorizado sin muchas posibilidades de externalizarse perdiendo así la experiencia generacional la relevancia que tiene para otros contemporáneos. Si a esto añadimos las profundas variaciones en nuestra forma de vida durante los últimos decenios, variaciones tecnológicas sí, pero también morales, ideológicas y políticas nos encontramos con grandes obstáculos, no sólo epistemológicos, sino también prácticos para poder asumir una clara perspectiva sociológica que produzca descripciones comprensibles de lo que en la actualidad es vivido como “vejez” en cuanto construcción de una permanente, variable y plural realidad. LA VEJEZ COMO REALIDAD CONSTRUIDA Los mecanismos específicos de construcción de realidad [CR] en las sociedades policontexturales se encuentran con dificultades especiales para establecer con éxito unos imaginarios que hagan perceptible la vejez. En primer lugar porque existen unas imágenes fijadas desde largo tiempo y en otro tipo muy distinto de sociedades en las que la vejez estaba fuertemente vinculada al ejercicio de un determinado poder vinculado al privilegio obtenido simplemente por la supervivencia o directamente relacionado con un conjunto de saberes estrechamente ligados a la tradición y no a la innovación. En segundo lugar, por la dificultad de establecer un imaginario en gran parte desvinculado de la experiencia de la mayoría de la gente y que propone imágenes de un futuro diseñado con una extraordinaria carga de incertidumbre. Las etapas clásicas de la vida de los individuos han llenado nuestras tradiciones culturales de una cierta fijeza en las referencias básicas puntuales y una cierta ambigüedad en las transiciones epocales. En tercer lugar por la fuerte irrupción en los mecanismos de CR de ciertas tecnologías que mudan de modo radical las experiencias espaciales y temporales por lo que se dificulta la construcción de experiencias individuales más cercanas Por otro lado, disponemos en la sociología de un gran número de estadísticas demográficas y poblacionales e incluso prospectivas. Han sido especialmente las estadísticas las que han detectado algunos fenómenos nuevos del envejecimiento y las etapas de la edad. Entre otros, la distinción entre una “tercera” y una “cuarta” edad, cuando el porcentaje de viejos sobre el conjunto demográfico de la población alcanzaba ya más del 15% y las cifras de la “esperanza de vida” en un conjunto de países aumentaba constante y consolidadamente. Sin embargo, si tenemos en cuenta la literatura reciente no hay muchos estudios sobre los componentes generacionales de la vejez. Aquellos que sitúan esta etapa etárea específica en relación con los contemporáneos, no sólo con los coetáneos (Ortega y Gasset). Porque no podemos establecer unas observaciones sobre la vejez y los viejos de tipo meramente teórico, sin tener en cuenta las fuertes diferencias experienciales. Se es viejo en una sociedad concreta, con una organización social específica y con unas expectativas determinadas. Con una dificultad añadida: mientras que la infancia o la juventud o el paso a la edad adulta forman parte de nuestra experiencia, la vejez parece tornarse como un horizonte de expectativas y no como una experiencia generalizada. Tradición e innovación son dos procesos sometidos a los tipos de sociedades y constituyen, junto con los procesos de inclusión/exclusión, el eje de la evolución de una sociedad. En la experiencia de la nuestra parecen adquirir relevancia especial la innovación y la inclusión, dejando en una lejana opacidad a la tradición (o tradiciones) y a la exclusión. Nos encontramos así con graves dificultades para observar y hacer descripciones aproximadas de los fenómenos sociales observables y con los que tenemos que contar para orientar la evolución de nuestras sociedades en uno u otro de los posibles sentidos Para nuestra investigación hemos escogido el realizar nuestras observaciones desde un marco teórico definido -el constructivismo sistémico y la teoría de los imaginarios sociales- y a través de la evaluación de unos materiales no utilizados habitualmente para este tipo de investigaciones. DEFINIENDO LOS MATERIALES DE TRABAJO Siguiendo el diseño que hemos propuesto en las elaboraciones de la teoría de los imaginarios sociales[1] tenemos que plantearnos en primer lugar como hacer que el objeto de la investigación se haga observable. Es decir quién y como vamos a tomar como «observador de primer orden» que nos proporcione los datos necesarios para poder establecer nuestra «observación de segundo orden». Dejando a un lado la posibilidad de obtener nosotros mismos los datos de primer orden mediante encuestas, grupos de discusión u otras técnicas por razones de falta de financiación de esta investigación[2], vamos a tomar como fuente de datos un instrumento que está al alcance de cualquier investigador: los datos que pueden obtenerse de diferentes modos desde la red de redes, Internet. Este trabajo se ha alimentado de tres fuentes diferenciadas:
Cada registro consiste en la descripción que proporciona Google del sitio en el que ha encontrado la palabra buscada. Por ejemplo:
Después de repasar la mayoría de los registros utilizamos unas categorías para clasificarlos según los contenidos que aparecían en ellos. Estas categorías fueron las siguientes:
Cada una de ellas parece suficientemente descriptiva y diferenciadora en sí misma. La categoría “No pertinente” aparece por aquellos registros que utilizan la palabra buscada en un sentido distinto del previsto en la búsqueda (p.e.: “Casco vello”, “un viejo barco”, etc.). Con estas explicaciones podemos ya pasar a presentar los primeros resultados de nuestra observación en sus rendimientos cuantitativos.
Creo que en este momento de la investigación es conveniente hacer ya algunos comentarios que puedan ser pertinentes para el resultado de la misma.
Vayamos ahora a los resultados obtenidos de las otras dos fuentes. Como decíamos, se realizaron en una semana determinada (del 17 al 27 de marzo de 2007) una serie de búsquedas. Para los que no estén acostumbrados a manejar el buscador copiaré aquí la cabecera de una búsqueda, en este caso la de la búsqueda de la palabra «VEJEZ». Lo que nos aparece en pantalla es lo siguiente:
Como puede observarse el buscador nos ofrece varias posibilidades para realizar la búsqueda de la palabra indicada; nos permite señalar el ámbito desde el más amplio [la Web] hasta el más reducido [páginas de España]. Teniendo en cuenta que la fuente anterior (Alertas de Google) ya nos dio suficiente información de prensa y webs latinoamericanas decidimos realizar una doble búsqueda que viene señalada en el cuadro 2 al aplicar dos columnas [España y Web] a cada palabra. Finalmente el buscador proporciona el número total de registros sobre los que realiza la operación de buscar. Damos a continuación esos totales para las búsquedas que realizamos en las fechas señaladas
Las claras diferencias entre la cantidad de registros provienen, en primer lugar de la diferencia de ámbito (siempre habrá más registros en el conjunto de la web que en las páginas de España[3]) y en segundo lugar de la polisemia de la palabra buscada (el caso de la palabra <MAYORES>) que acumulará un número mayor de registros “No pertinentes” De cada una de esas palabras, en los contextos designados escogimos los 100 primeros registros que consideramos lo suficientemente significativos para nuestro objetivo. Veamos ahora los resultados numéricos de la búsqueda
Nos encontramos aquí con una complejidad mayor a la hora de validar las categorías empleadas. Además de los correspondientes errores en la asignación de registros a categorías manteniendo unas constantes interpretativas de los resúmenes que nos ofrece Google de cada registro hay que tener en cuenta que, hasta que no se categoriza el último registro el observador se mueve en un terreno difuso, impreciso ya que la información de la que dispone a través de esos resúmenes (que él no construye) no puede ser contrastada con la lectura de todas y cada una de las referencias de cada registro. Sin embargo nos encontramos con determinadas regularidades y variaciones que vamos a resaltar ahora.
La última fuente que hemos utilizado para completar nuestra investigación que se realiza para una universidad gallega es una búsqueda específica en Google. Exponemos, a continuación los resultados:
Estos resultados difieren de los obtenidos por otras fuentes anteriores en dos aspectos: uno, la escasa presencia de registros en categorías pertinentes según las otras fuentes; dos, la fuerte pertinencia de los modos literarios o informativos de tratar la vejez y los viejos. ELABORACION DE LOS DATOS: DICCIONARIOS Y CAMPOS SEMANTICOS Hasta ahora disponemos sólo de una serie de registros, tomados de diferentes fuentes y agrupados y distinguidos según unas categorías que se han manifestado como pertinentes en un primer momento de la observación. Reflexionemos un momento sobre el procedimiento o la metodología que venimos siguiendo. No vamos a la búsqueda de mayorías o porcentajes que por sí mismos tengan un significado cierto o concluyente. Estamos tratando de hacer observable la construcción que nuestra sociedad hace de la realidad de la vejez. Para ello, hemos seleccionado y clasificado un conjunto de registros que suponen el disponer de “observaciones de primer orden” que diferentes medios y desde diferentes perspectivas hacen sobre lo que ellos consideran relevante de la vejez. Nosotros no vamos a realizar otras observaciones sobre la misma realidad, como ya hemos indicado, sino que vamos a trabajar sobre los productos de esos observadores, constituyéndonos en “observadores de segundo orden”. Es decir, no observamos lo que nos relatan o nos indican sino cómo y desde donde lo hacen. Por eso, tenemos ahora que dar dos pasos más en nuestro algoritmo investigatorio. Primero tenemos que disponer de los diccionarios contenidos en los diferentes registros, manteniendo la diferente perspectiva indicada por las categorizaciones que hemos realizado. Después tenemos que llegar a definir los campos semánticos más significativos que construyen las relevancias de lo que se considere la realidad de la vejez. Con ello podremos dar el último paso de establecer los diferentes imaginarios sociales que construyen en la actualidad la realidad de la vejez
De este modo, todo el material obtenido de nuestra segunda fuente de datos se reorganiza y se posibilita una lectura transversal según las categorías que se han confirmado como referencias significativas. Tenemos entonces seis diccionarios correspondientes a los ámbitos de búsquedas iniciales. No vamos a reproducirlos todos aquí para evitar redundancias metodológicas y poder pasar así al siguiente paso de nuestra investigación. Se trata ahora, siempre dentro de la perspectiva de nuestra investigación de los mecanismos que van a producir los imaginarios sociales de la vejez, de realizar una observación de segundo orden que va más allá del recuento de la frecuencia de aparición de determinadas palabras para poder establecer lo que a través de las diferentes categorizaciones se convierte en relevante. Agrupamos entonces cada una de las categorizaciones que consideramos pertinentes para nuestro estudio y de ese conjunto extraemos los campos semánticos que se presentan en el corpus obtenido y su jerarquización significativa de tal modo que llegamos a poder definir conjuntos de palabras de significados semejantes y diferenciarlos de otros conjuntos de palabras. Pongamos ya un ejemplo. Tomemos el caso de la perspectiva económico-política y veamos el conjunto de campos semánticos que aparecen.
Tenemos así unas nuevas formas que no se derivan de nuestra observación sino que emergen de la pluralidad de significaciones encontradas y que se autoorganizan como marco semántico que nos permite establecer como realidad el múltiple discurso sobre la vejez. Será en ese contexto donde aparezcan los imaginarios sociales a través del último momento de nuestra investigación. A través de procedimientos paralelos se han llegado a establecer los campos semánticos de las demás perspectivas que pasamos a presentar de forma reducida sólo a los campos (sin las listas de palabras que los sustentan). Tendremos así completada la fase de la investigación que consiste en obtener y analizar los datos
El momento en que nos encontramos es técnicamente muy delicado, pues la tarea de definir los campos semánticos de un corpus dado es algo muy complejo. En nuestro caso no hemos apelado a herramientas tecnológicas de tipo informático, pues el conjunto de registros es abarcable manualmente. Pero en otras investigaciones hemos tenido que utilizar una aplicación elaborada por nuestro grupo de investigación (GCEIS - Grupo Compostela de Estudios sobre Imaginarios Sociales) y que tiene capacidad para manejar grandes cantidades de información[5] LOS IMAGINARIOS SOCIALES: EL CODIGO «RELEVANCIA / OPACIDAD» En una contribución anterior a esta misma revista[6] dimos una extensa explicación de la teoría de los imaginarios sociales que venimos elaborando y aplicando desde hace más de diez años. No vamos a reiterarnos aquí sino que remitimos al lector interesado a la bibliografía allí citada[7]. Una definición, aún sometida a revisión, de Imaginarios sociales sería la siguiente: son aquellos esquemas, construidos socialmente, que orientan nuestra percepción de algo como real, nos permiten explicarlo e intervenir operativamente en lo que en cada sistema social se considere como realidad[8]. La construcción social de estos esquemas incluye complejos procesos que se suelen encubrir bajo la inmediatez de «lo evidente» o bajo el rechazo generalizado de la «manipulación» que introducirían necesariamente los “Media” en los procesos informativos. No entraremos en discutir estos tópicos que circulan ampliamente en nuestras sociedades, en particular bajo la nueva forma de censura del pensamiento (que no de la opinión) conocida como el lenguaje “políticamente correcto”. Me limitaré a exponer la posibilidad de observar analíticamente los procesos de construcción de realidad que se están produciendo en nuestros sistemas y entornos. El corpus que hemos construido a partir de la selección de una serie amplia de registros tal como se pueden encontrar en internet en las fechas de referencia es la fabricación de las relevancias a través de las cuales se presenta ante nosotros la vejez como una realidad. La pretensión de los emisores que elaboran los discursos sobre la vejez desde perspectivas diferenciadas es que reconozcamos que ese punto de vista es el único que hace posible una descripción de la realidad de la vejez. Sin embargo, si realizamos una observación de segundo orden de esos registros (que serían la observación de primer orden) podemos detectar que en cada perspectiva específica se van construyendo unas opacidades que dejan de lado cada uno de los enfoques que hemos identificado. Lo que en una perspectiva puede aparecer como relevante, en otra se queda en la opacidad. En esto consiste la aplicación del código «relevancia/opacidad» que hemos estudiado en contribuciones anteriores[9]. Una de las formas posibles de presentar los resultados de nuestras observaciones es ubicarlos en un modelo que propusimos hace años y que seguimos utilizando, a pesar de algunas dificultades que implica su forma de representación.
El modelo está construido sobre dos figuras geométricas. Un eje de coordenadas que representa las condiciones sociales de observabilidad del fenómeno estudiado a través de la ubicación en el tiempo social (“Duración”) (abscisas) y la ubicación en el espacio social (“Institucionalización”) (ordenadas). Sobre ese eje se inscribe una elipse que representaría a los imaginarios sociales correspondientes generados a partir de dos ejes o dos focos. La intersección de ambas figuras representaría los campos semánticos en los que se condensan las relevancias señaladas por el observador de primer orden, mientras que los focos estarían ocupados por las opacidades producto de la observación de segundo orden. La figura 1 está construida desde la tabla 2 que antes presentamos. Detrás de cada campo semántico están las palabras encontradas en los diccionarios correspondientes a esta perspectiva. El máximo grado de relevancia es asumido por el dinero bajo diferentes expresiones de las que la más frecuente es la palabra «pensiones». El siguiente campo semántica utiliza más del doble de palabras diversas que giran sobre un conjunto de necesidades que vienen reclamando diferentes formas de «cuidados» (también expresado como “ayuda”, “atención”, “apoyo”, etc.). El siguiente campo semántico viene constituido por las instituciones que proporcionan esa ayuda; en este campo semántico podemos encontrar un desdoblamiento de significados. Por un lado tenemos el contenido material de la ayuda que se presta fijado en dos palabras: “residencias” y “servicios” junto con otras más específicas y, por otro lado las entidades que prestan la ayuda: “IMSERSO”, “FOAM”, etc. Y de forma más generalizada, “Ayuntamiento”, “Consejería”, “Gobierno”, etc. Finalmente, el último campo semántico que se nos presenta en la investigación es la forma burocracia de la prestación de servicios; dos palabras fungen de eje del significado: “gestiones” y “recursos”. Estas relevancias construidas nos darían por sí mismas una imagen angelical del planteamiento de la cuestión y resolución de los problemas. Tendríamos así un mundo de infinitos recursos que se distribuyen equitativamente y que responden a las necesidades de los ancianos a través de múltiples instituciones aunque con un pequeño defectillo en la forma burocrática que asume este servicio que prestan jubilosas unas instituciones y unas personas de buena voluntad que son los diferentes gobiernos que hacen lo posible por cuidar de la mejor manera a nuestros mayores. ¿Es esa la realidad en que vivimos? ¿Es la realidad de la vejez? Evidentemente, no. Lo que se trata es de construir una evidencia resaltando unas cuestiones y dejando fuera de consideración otras. Por ello, tenemos que completar nuestro modelo con las opacidades (o preguntas no respondidas, o cuestiones no planteadas, o sombras que persiguen) que completarían la realidad de la vejez en nuestra actualidad. En el primer foco de generación de la curva situaríamos la cuestión del origen del dinero con el que se satisfacen las necesidades de los ancianos. No sólo el origen (¿son las cotizaciones de los propios pensionistas mientras trabajaban? ¿son las aportaciones de los actuales trabajadores activos? ¿cómo se decide la cuantía y las condiciones de las prestaciones?) sino la probabilidad de la duración y el incremento vinculada al trabajo productivo del conjunto de la población. En el segundo foco se situaría la cuestión de la legitimación de las formas de gobierno tal como se percibe sobre todo en las campañas electorales. Por eso, en otros tiempos se llegaron a acuerdos entre partidos para no mencionar en ellas a las pensiones. Pero la gente sigue preocupándose por los futuros que parecen depender de los gobiernos sucesivos y las incertidumbres ante posibles cambios. Pero sobre esta cuestión habría mucho que reflexionar no siendo este el momento propicio. La siguiente perspectiva de CR de la vejez tiene que ver con el campo de la salud. Es preciso recordar aquí la enorme variación que se ha producido en este campo y sus imaginarios. Hace relativamente pocos años los elementos significativos consistían principalmente en los médicos, los enfermos, las enfermedades, los hospitales, etc. que indicaban aspectos negativos de la experiencia humana vital mientras que actualmente el eje semántico lo constituye la salud, lo sanitario, la prevención y la calidad de vida. Debido a este profundo cambio, todavía no muy estudiado desde la perspectiva de la CR de nuestras sociedades[10] es necesario ser muy cuidadosos en las perspectivas que se diseñan en los campos semánticos a considerar. Veamos primero el gráfico 2 construido sobre los diccionarios que resultaron de esta observación y que recogimos en la tabla 3
El primer campo semántico en orden a la relevancia y en función de lo dicho anteriormente es precisamente el que se expresa como falta de salud, es decir, el catálogo de enfermedades, achaques y “trastornos” que aquejan a los viejos; hay que señalar que en el orden de las reiteraciones a parecen con mayor frecuencia por problemas de nutrición (que provienen de la frecuencia importante de la aparición en los buscadores de una cadena de alimentación), y los problemas de salud mental y sus consecuencias tales como “depresión”, “anorexia”, “suicidio”. Es coherente con ello que el siguiente campo semántico se ocupe de los tratamientos considerados como “reparación” de los aspectos dañados, entre los que vuelven a destacar los referidos a la nutrición. Pero como “las ciencias adelantan que es una barbaridad…” ello hace que aquí en la salud sí se presenten como relevantes las expectativas (cosa que no aparecía, curiosamente, en el campo económico) centradas básicamente en las posibilidades de control genético de las enfermedades y del envejecimiento. Se llegan a expresar en formas tales como una “vacuna contra la vejez” o los tópicos llamamientos a la “calidad de vida” convertida en eslogan políticamente correcto. Y a consecuencia de esto las preguntas o expectativas se convierten tautológicamente en respuestas a los problemas enunciados. Aunque este campo semántico se nutre de muchas palabras vinculadas al “ejercicio deportivo”, “educación física”, “fisioterapia” entendidas como “mantenimiento” Lo que no aparece bajo estas relevancias son dos tipos de referencias que suelen dejar de lado los artífices de este nuevo modelo de “naturaleza” que constituyen los actuales cuidados sanitarios. Aludo a dos características que rompen con los modelos causales y que tienen que ver con la autonomía de los individuos y con su capacidad de asumir riesgos. La relación básica del modelo es la de que hay siempre alguien que no eres tú que sabe mejor que tu qué es lo que te conviene. El anciano que se enfrenta al saber médico (tradicional o modernizado) será sometido a todo tipo de procedimientos de “mejora” de su salud y sólo para algunos, especialmente invasivos, se le pedirá permiso por escrito; es decir, tiene que renunciar a su libertad que puede decidir en no cuidarse o que no le cuiden. Y si no, “está loco”. Cada vez va a ser más difícil “morirse en paz”, diseñar el propio futuro a través de la asunción de riesgos en el presente. Riesgos no tanto definidos por un cálculo de probabilidades, que es lo que actualmente nos ofrecen, sino decisiones acerca de nuestro cuidado que tomamos ahora sabiendo que nos abren o cierran posibilidades en el futuro. La probabilidad es una forma bastarda de la posibilidad. Pero tendremos que dejar este campo de la salud tan necesitado de investigaciones específicas si no queremos llegar pasado mañana a alguna de las distopías más conocidas en nuestro ámbito cultural. Llegamos así al ecuador de nuestra investigación sobre los imaginarios sociales de la vejez y tenemos por delante dos campos de una mayor complejidad significativa. En una primera observación de los materiales, cuando aun no tenía claramente decididas las categorías clasificatorias, me llamó la atención que en una de las búsquedas específicamente referida a España aparecían muchos registros que tenían que ver con la formación de diferentes tipos de especialistas que tenían que ver con la vejez. Paralelamente se mostraba también como un campo relevante las oportunidades de formación que por parte de determinadas instituciones, especialmente universitarias, ofrecían a los mayores de una determinada edad. Esto me obligó a abrir la mente a la configuración de una perspectiva que nos orientara en la construcción del campo científico pertinente a la vejez y de las nuevas posibilidades de acceso a los conocimientos que se abren a los ancianos. De ahí que nos atrevamos a proponer esta perspectiva como un elemento más de la CR de la vejez.
La primera relevancia tiene que ver con la constitución de campos científicos vinculados al fenómeno de la vejez. Indudablemente aparece una disciplina interdisciplinar que orienta decididamente las ciencias de la salud y las ciencias sociales al objeto en cuestión: la Gerontología. Pero junto a ella o componiéndola como campo común aparece la Geriatría acompañada de otras menos específicas como la Psicopatología, la Psicología, la Sociología, la Enfermería, etc. y hasta un neologismo como “gerocultor” que se situaría en paralelo con puericultor. Estos campos científicos se van ampliando merced a procesos formativos instrumentales, donde aparecen también instrumentos para la formación de los ancianos. Tenemos así que se forman expertos de todo tipo a través de cursos, masters, becas, estudios, programas, aulas, con libros, guías y llegan a ser diplomados en universidades que a su vez ofrecen cursos, programas, etc. para mayores de… A través de esos instrumentos se logran realizar algunas operaciones de formación que permitirán al experto realizar nuevas funciones operativas y al anciano entrar o profundizar en el mundo del conocimiento y la información. Aunque menos relevante que los anteriores campos semánticos nos encontramos también con los diferentes modos de producirse esa formación. Y ello no sólo por las formas instrumentales que hemos visto anteriormente (Master, Posgrado, etc.) sino también en las formas espaciales (a domicilio, a distancia), en las formas de mercado (subvención, gratis) y a través del uso de tecnologías de la información. Esto sería posible, en el caso de los mayores, por la disponibilidad de tiempo y del uso de la libertad Volvemos a tener la sensación que nos aquejaba en el paso anterior, la de que todo esto es muy bonito y muy fácil. ¿Qué nos falta? ¿Qué se deja de lado? ¿Cuáles serian las opacidades de estas excelentes relevancias? Nos da la impresión de que estos significados están ya construidos independientemente de las experiencias y las saberes de los individuos. Este sería un mal que aqueja a todo el sistema educativo y a la mayor parte de la formación posterior. Y aquí sería pertinente romper con un imaginario tradicional acerca de la vejez y es equipararla a una nueva infancia. Cuando lo que sería realmente innovador sería abrir las posibilidades de autoorganización de los implicados en los procesos de aprendizaje, de sus múltiples experiencias y sus plurales saberes Para concluir ya con los resultados de nuestra investigación tendremos que presentar la cuarta perspectiva de CR que hemos encontrado en nuestras observaciones. Es también un campo complejo, como el anterior, pues está constituido por tipos diferentes de registros que aluden a la vejez en contexto informativos (noticias) y de creación literaria o artística (personajes). Las referencias con las que nos vamos a encontrar son fundamentalmente narrativas y están a mitad de camino entre la realidad construida por los “Media” y la ficción que pretende ser tomada por tal, entretenernos y divertirnos. Veamos ya las relevancias y opacidades que se nos imponen.
Aquí nos vamos a encontrar con el gran imaginario ausente de las perspectivas anteriores: la muerte. Como los lectores de esta revista ya han podido conocer otra investigación que presenté en el número anterior[11], no voy a entrar aquí en mayores consideraciones que las que nos proporcionan los materiales sobre los que estamos trabajando. En esta perspectiva la muerte aparece como muy relevante porque nos inundan noticias sobre diferentes formas de muerte de personas ancianas (asesinado, accidente, incendio, desaparecido, etc.), pero también se califica la muerte de diversas maneras (transito, digna, inexorable) de tal modo que se va a configurar un segundo campo relevante que será el de las valoraciones o formas de enfrentarse con la vejez. Estas se dividen según un código negativo/positivo según el cual el viejo puede aparecer como ridículo, decadente, desprotegido, del que se abusa o que abusa de menores, pero también como necesitado de consuelo, como figura admirable e incluso sublime aunque sometido al olvido. Los dos últimos campos semánticos tienen una menor relevancia pero expresan también algunos aspectos ilustrativos. Estaría primero el campo del ocio y sus formas en el que aparecen algunas referencias a viajes (incluso espaciales), cruceros, etc., al humor y a las fiestas de cumpleaños. Mientras que las formas de arte se vinculan principalmente a significados de géneros literarios (citas, frases, diarios, poesía, cántico, etc.) y de obras fílmicas (películas, documentales, festivales, actores, etc.) La mayor parte de estas relevancias se producen bajo formas excepcionales, curiosas, ridículas de tal manera que en esta perspectiva quedan fuera habitualmente lo común y lo cotidiano de la vejez. Como es muy frecuente en nuestras sociedades, los imaginarios que tratan de configurar cualquier realidad lo hacen bajo la forma de la espectacularidad[12] y tratan de dejar fuera (de la construcción) las realidades más cercanas a los individuos y experimentadas por ellos[13]. De ahí que estas opacidades asuman una importancia decisiva en la construcción de realidades (CR) que operen a través de imaginarios sociales que están en permanente transformación y lucha. Dejamos para otra ocasión la toma en consideración de la tercera fuente de datos a la que hemos aludido al principio y que se refería a 100 registros (de los cuales 18 eran no pertinentes) tomados de una búsqueda realizada en Google en el idioma gallego. Nos parecen poco representativos, por lo que habrá que completarlos en sucesivas investigaciones. PARA CONTINUAR INVESTIGANDO Hasta aquí las bases metodológicas y la presentación de resultados de nuestra investigación sobre la vejez. Como toda investigación realizable es y permanecerá incompleta y más bien podrá servir como guía para otras investigaciones posibles dentro del marco teórico constructivista sistémico y de los imaginarios sociales. Pero no por eso considero ocioso el renunciar a lo que en la terminología clásica se denominaban “Conclusiones”. Fuera de la intención de cerrar un camino (eso es concluir), lo que nos anima a hacer unos breves comentarios es la necesidad de plantear nuevas investigaciones posibles sobre este tema de la vejez. 1.Entre los resultados que nos han llamado la atención hemos de resaltar la no aparición de ninguna relación entre vejez y religión. No tanto por el tópico de una vuelta personal a la religión de los ancianos que entraría dentro de un discurso pastoral en el que se supone que tarde o temprano se vuelve a la disciplina de las iglesias, cuanto por la ausencia de discursos institucionales de las organizaciones religiosas acerca del fenómeno de la vejez. El caso es que esta ausencia de relación nos confirma en la tesis que hemos expuesto en otro escrito[14] de que se está produciendo una serie de sustituciones funcionales anteriormente atribuidas socialmente a las organizaciones religiosas y que actualmente asumen las instancias civiles como función propia de los Estados. 2. Pensamos que sería muy productivo en este tipo de investigaciones el asumir perspectivas vinculadas a las generaciones presentes en una sociedad en un momento dado. Esto implica varias dificultades que es posible resolver con técnicas adecuadas. Las complejidades que supone la introducción del tiempo como variable operativa en las investigaciones en ciencias sociales puede producir resultados sorprendentes. Lamentablemente no lo hemos podido hacer en esta investigación pero creemos necesario realizarlo para investigaciones futuras[15] 3. Los imaginarios sociales de la vejez a los que hemos tenido acceso en esta investigación plantean la necesidad de dos operaciones distintas. La primera requiere realizar nuevas observaciones, con mejores técnicas y recogiendo datos más completos y significativos y que probablemente podrían obtener financiación por parte de algunas organizaciones públicas o privadas presentes en los ámbitos sociales más cercanos al fenómeno investigado. La segunda operación ya no depende de las instituciones que investigan sino de las que toman decisiones. Es decir, de los sistemas políticos y sus organizaciones en los diferentes niveles de la sociedad. Tendrían ellos que operar comunicativamente, es decir preguntar a los interesados o afectados antes de tomar decisiones sobre las posibles y costosas respuestas. Santiago de Compostela, abril de 2007 NOTAS [1] Ver nuestros trabajos: Los Imaginarios Sociales. La Nueva Construcción De La Realidad Social, Madrid, Sal Terrae/I.”Fe y Secularidad”, 1995, 58 p. [Accesible en: http://www.usc.es/cpoliticas/mod/book/view.php?id=801]; La nueva plausibilidad (La observación de segundo orden según Niklas Luhmann), en ANTHROPOS, nº 173/174 (1997) 126-132 [Accesible en: http://www.usc.es/cpoliticas/mod/book/view.php?id=797]; Más allá de la ideología. La construcción de la plausibilidad a través de los imaginarios sociales, en M.A.Santos (Ed.), A EDUCACIÓN EN PERSPECTIVA, Santiago, Universidad de Santiago de Compostela, 2000, pp. 689-699 [Accesible en: http://www.usc.es/cpoliticas/mod/book/view.php?id=804]; “Construyendo realidad(es): los Imaginarios Sociales”, en REALIDAD, Revista del Cono Sur de Psicología Social y Política, nº 1 (2001) 7-24, Universidad J.F.Kennedy, Buenos Aires, 2002 [Accesible en: http://www.usc.es/cpoliticas/mod/book/view.php?id=786]; “El metacódigo relevancia/opacidad en la construcción sistémica de las realidades, en RIPS (Revista de Investigaciones Políticas y Sociológicas), vol. 2, nº 1-2, 2003, pp. 21-34 [Accesible en: http://www.usc.es/cpoliticas/mod/book/view.php?id=784]; “Inclusión / exclusión. Los imaginarios sociales de un proceso de construcción social”, en SEMATA. Ciencias Sociales y Humanidades, vol.16 (2004) 17-52 [Accesible en: http://www.usc.es/cpoliticas/mod/book/view.php?id=778].
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