Lo imaginario camina entre la ideología y la utopía (no entendida etimológicamente, sino en sentido popular). No obstante, en el momento en el que se produce la polarización del imaginario hacia uno u otro polo ¿podemos afirmar que pierde la constitución como imaginario tranformándose en dogmatismo o ensoñación? ¿No sería adecuado afirmar que lo imaginario no es ni una cosa ni la otra? Si cualquier imaginario se polarizase, en ese sentido, ¿no dejaría de ser transformante?
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