La modernidad, entendida a grandes rasgos como un nuevo orden postradicional, sin dudas ha traído para bien o para mal, un sinnúmero de consecuencias insospechadas, tanto externas como internamente en las personas. En lo que concierne a esto, las transformaciones en la intimidad y los estilos de vida, entendiéndose estos últimos como aquellas “practicas hechas rutinas”, ya sea en la manera de vestir, en los modos de actuar o en los hábitos alimenticios de las personas, han sido canalizadas con mayor intensidad, a partir de las nuevas generaciones de jovenes, los cuales al ritmo de la moda y las nuevas tendencias globales, se han dejado cautivar a partir de la llamada “cultura mediática”. La serie de reportajes realizados por la prensa en Chile a partir de la muerte de una joven a causa de anorexia nerviosa la semana recién pasada , nos viene a poner en manifiesto lo mencionado en el parrafo anterior, sobre todo si consideramos que la anorexia nerviosa, es un fenómeno intrínsecamente relacionado a la modernidad. En la edad media, el ayuno estuvo asociado íntimamente a las prácticas religiosas, acuñándose con el término de “anorexia mirabilis”- Giddens-. Sin embargo a partir del primer tercio del siglo 20, mediante el dietismo, la anorexia nerviosa comenzó a formar parte de las prácticas sociales sobre todo en mujeres de los estratos socioeconómicos más encumbrados de la población, pero con una finalidad pensada en la imagen corporal individual, más que en valores supremos como lo era tiempo atrás. Actualmente, la anorexia y la bulimia nerviosa, mediante el rechazo obsesivo por mantener un peso corporal adecuado, debido a la distorsión de la propia imagen corporal frente al “espejo deteriorado” son algunas de las patologías asociadas a trastornos en la alimentación que afligen con mayor intensidad a la juventud actual en el mundo entero. Según investigaciones efectuadas por la Asociación Chilena contra la Anorexia y Bulimia, en el país se estima que cerca de 70 mil mujeres entre 14 y 30 años sufren anorexia y 35 mil bulimia, algo alarmante y no solamente exclusivo del género femenino, ya que 1% de estas cifras corresponde a varones. En Estados Unidos, estas cifras son también preocupantes, ya que cerca de diez millones de adolescentes – mujeres se aquejan de estos tipos de trastornos alimenticios, en tanto un millón de jóvenes y hombres padecen algunos de estos desordenes. De esta forma, el fenómeno global del culto al cuerpo, asociado a los nuevos patrones o cánones de belleza, a desatado un sinnúmero de practicas cada vez más cotidianas como la ortorexia, la vigorexia, la anorexia y la bulimia, las cuales están siendo cada vez más comunes en la actualidad. Estas practicas, al parecer, están asociadas a la reflexividad o autonciencia de las personas, debido a que estos se sienten artífices del diseño de su propia figura corporal, guiados por el monitoreo permanente de su apariencia, lo que los hace verse a si mismos como autónomos y dueños de algo únicamente propio como lo es su cuerpo. En conclusión, a diferencia de la era tradicional, en donde las personas padecían y morían por escasez de alimentos, hoy por hoy, en una sociedad en donde los alimentos abundan por doquier, morir de hambre parece ser una opción individual, algo inquietante y que debe ser comprendido con altura de miras.
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