Modernidad/Postmodernidad, la contraposición de arquetipos.

1192640726_f.jpg

Universidad de Concepción. Pedagogía en Historia.

           La Modernidad significó para la historia de la humanidad y sus sociedades un cambio profundo en los elemento de asociación y organización. Imaginarios como “pacto social” o Estado surgen auspiciados por los teóricos del momento –Hobbes, Bodino, Maquiavelo, Rousseau, etc.-  para traspasar los poros de la célula social evolucionista del mundo cristiano occidental. Toda la tradición escolástica medieval, entonces, sufrió una dislocación radical y definitiva en los términos de arquetipos a imitar. Junto a esto, comienza la avasalladora carrera del capitalismo; su estado embrionario se desata impulsado por una burguesía aún muy ingenua pero decidora y, a él serán asociados los conceptos de racionalismo, individualismo, progreso, avance tecnológico, revolución de los transportes etc. Prometeo se levanta y proyecta su arquetipo a la sociedad occidental europea. Esta misma ansia de progreso condena a una  pobre América desgraciada en sus inicios como alimento oportuno del capitalismo emergente o precapitalismo. La era industrial se impone y todo lo que ello implica se aplica como norma conductual a las sociedades occidentales.

            Esta modernidad transmuta la significación platónica de arquetipo como asociación de ideas primitivas, así, la formulación histórica se distancia y da cabida para que la mente de los más oportunistas confundan y transmitan –intencionadamente- contenidos conciencializables del inconciente individual, es decir, complejos de cargas afectivas, con los del plano del inconciente colectivo, es decir, arquetipos.[1]Esto implicó que las nuevas estructuras que se iban levantando como Estado-Nación y estructura económica capitalista esgrimieran presupuestos identitarios de las clases privilegiadas, y sobre todo, de la burguesía emergente, como elementos representativos de los imaginarios sociales.

            El humanismo y las reformas protestantes por su parte -a juicio de Jung- se encargaron de desnudar al hombre quitándoles todo tipo de imágenes religiosas protectoras. Los iconoclastas desmiembran la misticidad arquetípica de las imágenes religiosas y el hombre comienza a preguntarse sobre el rigor de la significación de las mismas. El empobrecimiento del simbolismo implicó un descubrimiento de los dioses en forma de factores psíquicos o arquetipos, pero el ser moderno en vez de volver a resignificar dichos arquetipos los obvia, así los símbolos cristianos mueren de la misma enfermedad que los dioses de Roma y de la Hélade.[2]

 

            Mientras todos estos factores se conjugaban en una disputa de permanencia, innovación, reemplazo y cambio que duró cerca de doscientos años –S. XVII-XIX-, el capitalismo sigilosamente fue expandiéndose y penetrando  las sociedades del orbe. En este camino, el capitalismo supo desarmar el aparataje estatal de protección de los Estados. Llegamos así a mediados del siglo XX, con una Europa desmoralizada producto de las guerras de dominación; comienza la dualidad mundial entre el sistema capitalista y el comunista; parte la revolución de las comunicaciones y de la ínter conectividad de las economías; pero también aparecen  las falsas vanguardias, el conformismo y el avance de la insignificancia. Terminada la disputa del mundo bipolar, emerge como gran triunfador el capitalismo neoliberal: un gran leviatán maquiavélico y trastornado. Sin saberlo las sociedades  reviven la heteronomia natural de la humanidad, como si fuese un arquetipo inamovible de la especie. El agonísmo prometiano es basureado y expulsado del imaginario social por Dionisio… comienza la época de goce del hedonismo.[3] Es la postmodernidad; entramos nuevamente en una época oscura para la esencia humana y sus sociedades, sólo que esta vez, pasa desapercibida por la magna sobreiluminación de imágenes, carteles, propagandas, ofertas, tubos fluorescentes, etc.

            Esta impronta de pesimismo ya fue entregada por la historiografía postmoderna –“Fin de la Historia”-, y no sólo la historiografía, sino que en todos los planos del desarrollo del saber. Surge un hundimiento de la autorrepresentación de la sociedad, que a juicio de Castoriadis queda demostrada por la superficialidad del humano, la incoherencia, la esterilidad de las ideas, versatibilidad de las actitudes etc.[4] Se degenera la razón y proyección de las sociedades, una sustitución de imaginarios sociales que transforman a las sociedades en masas autómatas consumistas; la iconoclasia desemboca en una nueva iconografía del consumo; la nueva religión capitalista ya tiene un dios llamado dinero; la soberanía de los Estado es quitada a punta de fusiles por el capitalismo y su brazo bélico de dominación, que son los corruptos generales; esa pequeña institución intermediaria que eran las corporaciones del mundo moderno, en el mundo postmoderno son  hegemónicas y dominadoras de las “leyes naturales del mercado”; la ficticia democracia que siempre conviene a las mismas minorías; la colonización de las mentes comienzan con el primer sonido del despertador y terminan con las últimas imágenes hipnagógicas del pre-sueño; los dos pilares del capitalismo moderno, propiedad privada de los medios de producción y compra de la fuerza de trabajo en el mundo posmoderno son meras reseñas de ganancia de plusvalía, el monstruo financiero de la mundialización del capital genera plusvalía en cada rincón de nuestras economías, sin embargo, no a beneficio de los pueblo impulsores de dichas economías, es la tercera forma de plusvalía que no alcanzaría a desarrollar Marx.[5]

            La sociedad sólo puede abrirse a su propio cuestionamiento si, en y por este cuestionamiento, sigue afirmándose como sociedad.”[6] Pero, no hay una sociedad crítica, porque no existen arquetipos críticos difundidos en el imaginario social, lo que si existe son mensajes encubiertos, casi subliminales que retoman las características de un imaginario social dominante y legitimador[7]asociados con los presupuestos del capitalismo neoliberal.

Para Jung el arquetipo representa esencialmente un contenido inconciente, que al conciencializarse y ser percibido cambia de acuerdo con cada conciencia individual en que surge, el problema postmoderno radica en que esa conciencialización no es ya generada por el propio individuo, -“no piense nosotros ya lo hicimos por usted…”- entonces los arquetipos son entregados arbitrariamente por la conveniencia de los mecanismos de dominación actuales, que no son pocos. Este factor en el mundo moderno, por lo menos, no estaba desarrollado.




[1] Jung, C. G.: “Arquetipos e inconciente colectivo”. Edit. Paidós. 1ra Edición. Barcelona, España. 1970. Pp. 10-20

[2] Jung, op. cit., pág. 20.

[3] Baeza, Manuel A.: “Imaginarios sociales. Apuntes para la discusión teórica y metodológica”. Edit. U. de Concepción. 1ra Edición. Concepción, Chile. 2003. Pp. 119-149.

[4] Castoriadis, Cornelius: “El ascenso de la insignificancia”. Edit. Frónesis. 1ra Edición. Madrid, España. 1996. Pp. 13-29.

[5] Conferencia realizada por el profesor Gabriel Salazar en las XVII Jornadas de Historia de Chile. Pucón, Chile. 8-11 octubre del 2007. “Concepto de plusvalía en el mundo globalizado”.

[6] Castoriadis, op. cit. Pág. 27.

[7] Baeza, op. cit. Pág. 131.