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Prólogo al libro de Manuel Torres Cubeiro sobre Niklas Luhmann

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Quizás algun lector u hojeador de este libro en alguna visita acostumbrada a su librería habitual tenga la sensación de que esta breve obra está de más. Escribir sobre un pensador alemán, difícil, que se dedicó a la sociología y publicó muchos libros en su país, y además con fama de “conservador”, y encima en gallego puede parecer algo superfluo. La verdad es que si no llevara casi 40 años leyéndolo e hiciera caso de lo que me cuentan algunos colegas yo pensaría lo mismo.

 

Pero, por una vez (que deseo sean muchas) nos hemos adelantado los gallegos al ocuparnos de la obra ingente de este hombre, rostro de campesino e infatigable trabajador, que nos propone algo con mucho futuro en el mundo del pensamiento. Quizás algunos descubran en él un oasis de racionalidad, rigurosidad y fertilidad en el complejo campo del pensamiento y de las descripciones de nuestras sociedades.
 
Nos ha tocado un tiempo en que reinan los tópicos, lo escolástico y las aplicaciones metodológicas simplificadas por lo cuantitativo y la estadística. Se produce una creciente entropía en todo aquello que tiene que ver con la ciencia y la tecnología. Después de pocos siglos en los que las Universidades venían decidiendo acerca del saber, ahora, al principio lentamente y en los últimos años con creciente aceleración son otras organizaciones sociales las que deciden acerca de lo que debamos estudiar, investigar, programar. Son los Estados y los Mercados -como en tiempos anteriores hicieran las Iglesias y los Príncipes- los que están tomando decisiones acerca de lo que son los auténticos saberes.
 
Lo que estamos experimentando en los últimos tiempos la mayor parte de los que nos dedicamos a la tarea de la docencia en sus distintas etapas es un progresivo desconcierto por lo que nuestras sociedades  nos encargan que enseñemos. No quiero hacer la estadística de los cambios de planes de estudios en los últimos veinticinco años en todos los niveles de la docencia, pero lo que si tenemos claro es que hemos sufrido múltiples y reiteradas “reformas” y “reformas de las reformas”. En los últimos años esto ha empezado a afectar también a nuestra actividad investigadora. Ya hay “Marcos”, “Areas preferentes”, “Planes de desarrollo” que nos señalan los linderos de lo financiable y lo no financiable, de lo deseable y de lo innecesario. El resultado es que la mayor parte de las investigaciones se clasifican ya (desde el BOE, los Boes Autonómicos o las instituciones financieras) como aquellas que “pueden” producir “beneficios sociales” inmediatos o como otras que siempre se pueden postergar  pues tienen “objetivos a muy largo plazo” y se ubican en campos poco claramente definibles y “objetivables, como el pensamiento autónomo, la contemplación estética, el mundo de los inmateriales o “intangibles” y como llegar a observar nuestras sociedades más allá de las imágenes e imaginarios que se van construyendo por las empresas de fabricación de realidad, antes autodenominados “Medios de comunicación masiva”.
 
Luhmann es un buen antídoto de estos venenos. Porque no escribe lo que todos ya sabemos, no cuenta lo que ya muchos descreemos sino que apela constantemente a nuestra capacidad de pensar, nuestra posibilidad de seguir abstrayendo y elaborando conceptos y nuestra tarea de observar y por tanto distinguir y valorar el mundo que nos rodea.
 
Este breve libro no es nada fácil y nos conecta con un pensador de una elevada dificultad de lectura. Por ello no es recomendable para los que se han acostumbrado a seguir la desidia de sólo interesarse por lo ya conocido, por lo sabido. Sin embargo sí será un poderoso excitante para los que no quieren renunciar a “la funesta manía de pensar”
  

Juan-Luis Pintos