Hemos visto que, desde el punto de vista formal, la concepción de la realidad como polar no parece llevar muy lejos; algunos dipolos que podrían estar relacionados, tras un rápido examen, han resultado inútiles. La realidad no es polar porque el otro polo no es único y la negación de la realidad no conduce a un solo destino, sino a varios bien diferentes. Veamos algunos: Lo fantástico es producto de la fantasía, esa capacidad para elaborar con la imaginación que seguramente hunde sus raíces en los ensueños. En lo individual y subjetivo tiene que ver con los niveles de consciencia (en relación con el estado de alerta y activación del Sistema Reticular Activador Ascendente), el sentido de la realidad (alterable con medicación o la intoxicación), los sueños y las pesadillas. En lo social tiene que ver con lo que Jung denominó arquetipos del inconsciente colectivo. Lo ilusorio resulta del engaño de los sentidos a causa de la naturaleza y características funcionales de los órganos implicados. La ilusión juega con los límites de dichas características. En el extremo está la realidad virtual, una forma novedosa de ilusión que cortocircuita las entradas sensoriales mediante artefactos y programas informáticos. Lo ficticio es lo inventado o fingido con intención artística o lúdica. La ficción tiene un momento especial, el de la creación, y muchos momentos de posible recreación. Podría decirse que en su gestación es arte y en su ejecución, espectáculo. El virtuosismo puede estar presente en mayor o menor medida en cualquiera de tales momentos. Lo engañoso es aquello a lo que deliberadamente se quiere dar apariencia de verdadero con el objetivo de producir en los demás una falsa sensación de realidad. La mentira y sus variantes de familia son sustituciones de señales y datos auténticos por otros distintos que se quieren presentar en su lugar para conseguir beneficio a expensas de los engañados. Lo indecible es todo aquello sobre lo que nunca, o con escasa probabilidad, se podrá alcanzar certidumbre. Lo remoto, lo extremo, lo íntimo, lo desconocido, lo complejo, lo caótico y lo paradójico son aspectos resbaladizos que, aún siendo reales, podrían ser difícilmente manejables sin el concurso de dispositivos o estrategias excepcionalmente ingeniosos. Lo imaginario es un tipo especial de irrealidad porque acaba operando como real sin serlo. Según una de sus formulaciones más recientes, «son aquellos esquemas, construidos socialmente, que nos permiten percibir algo como real, explicarlo e intervenir operativamente en lo que en cada sistema social se considere como realidad». Lo imaginario resulta de procesos emergentes e imposiciones desde el poder y es inevitable desde el momento en que se establece una interacción social donde la comunicación simbólica facilita la transmisión extragenética de información y la difusión de una cultura. Indudablemente, este concepto exige ulteriores y más pormenorizadas reflexiones.
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