Dimensiones de la existencia

Veamos con mayor detalle el criterio propuesto para delimitar las dimensiones de la existencia dependiendo de los procesos de informacion.

La denominada "dimensión física" es, más propiamente, un combinado que agrupa los ámbitos de estudio cosmológico, astronómico, geológico, físico y químico.

Esta dimensión no ha existido siempre: hace unos 13.700 MA, una singularidad originó el continuo espacio-tiempo al desplegar tres dimensiones macroscópicas, que sirven de escenario para los sucesos o transformaciones de la materia y la energía, en un acontecimiento conocido como Big Bang. Prácticamente desde entonces imperan en el universo las leyes y principios descritos por la física.

Nos interesa considerar ahora un concepto escurridizo llamado entropía. Dependiendo del enfoque, la perspectiva y otras características de la observación, la entropía puede presentarse e interpretarse de maneras diferentes: así sucede en termodinámica, química, estadística, topología, teoría de la información, astrofísica, cosmología, ecología… Y así encontramos definiciones que coinciden en considerarla una magnitud cuantitativa, para unos de la energía inútil, para otros de la incertidumbre, o del desorden, o del ruido…

Siguiendo el primordial criterio cibernético de unificar distintos enfoques abstrayendo lo que comparten, defino la entropía como una medida de la cantidad de información perdida. Esta magnitud tiene un comportamiento característico e insoslayable: con el mero transcurso del tiempo, aumenta. Cuando prácticamente ninguna otra cosa sucede, sigue aumentando. Y si parece que no aumenta es porque no estamos observando bien. La entropía siempre aumenta, es una ley fundamental del universo. Las consecuencias pueden observarse por doquier: el orden disminuye, la energía se disipa, la información se deteriora...

En esta dimensión física, los procesos de información son pasivos, y sus resultados toman la forma de rastros y huellas… Los sistemas más organizados son los cristales y el aumento de la complejidad conduce al caos o a variantes fractales.

Que sepamos, la segunda dimensión de la existencia tuvo sus comienzos en esta región de universo hace unos 3.900 MA, cuando empezaron a evolucionar unos sistemas de información capaces de contrarrestar la tendencia entrópica en una región limitada del espacio-tiempo. Estos sistemas biológicos consiguen conservar información porque procuran activamente su propio sostenimiento, reparación y perpetuación.

Esto no significa que se suspenda la tendencia entrópica, que sigue operando inexorablemente, sino que se mantiene provisionalmente un equilibrio dinámico y la energía se capta, acumula y administra con mayor eficacia que se gasta o se pierde; el orden se mantiene porque se produce constantemente; la información no solo se conserva, sino que se adquiere, se almacena, se procesa y se transmite.

Esta dimensión biológica, heredando todas las características de la física, permite un incremento de la complejidad sin conducir al caos porque con la dinámica de los sistemas aparecen propiedades emergentes que conducen a su autoorganización, todo ello como consecuencia de la aplicación de unos principios cibernéticos tan sencillos como universales.

La selección darviniana ajusta las entradas y salidas de los sistemas biológicos conforme a la cambiante realidad característica en la que deben prosperar y reproducirse. Estos sistemas definen y viven su propia realidad de manera similar a aquélla en la que se producen a si mismos mediante procesos de información activos.

La tercera dimensión comenzó a desplegarse con el origen del lenguaje y la comunicación simbólica, un acontecimiento que puede haber sucedido hace unos 2 MA con varios jalones importantes desde entonces.

Si hay un momento crítico en este proceso de despliegue, el punto de inflexión a señalar está en la invención de la escritura. Aunque no parezca obvio, la razón es que permite salvar la contigüidad en el espacio-tiempo. Hasta entonces, la información extragenética se limitaba a “culturas de señales” transmitidas presencialmente. El canto o la construcción de instrumentos se transmitían de un sistema a otro “en tiempo real” y la acumulación de información extragenética era limitada e ineficaz. Para destacar la relevancia del concepto, consideremos la relación existente entre el conocimiento griego de la época clásica y la escritura. Y consideremos también la trascendencia del desarrollo de “facilidades” para el procedimiento: papel, imprenta, fotografía, grabación de sonido, radio y TV, registros digitales, telefonía, Internet…

La información produce información sobre la información en un proceso recurrente e imparable con una tasa superior a la tendencia entrópica porque se acumula fuera, e independientemente, de los sistemas que la crean y la usan. Esta dimensión simbolo también hereda las características de las anteriores, obedeciendo las leyes y principios de la física, beneficiándose de los hallazgos seleccionados en la biológica, y añadiendo sus propias características y procedimientos construyéndolos con escrupuloso respeto sobre dicha herencia.

En esta dimensión de la existencia, los procesos de información crean mundos simbólicos tan “reales” que acaban afectando a la existencia y operación de los sistemas en otras dimensiones.