El nuevo nombramiento de Bernat Soria como nuevo ministro de sanidad nos produce una reacción doble. Por un lado nos alegra ver que por fin se pone en el puesto de un ministro a un investigador. Eso nos hace tener esperanzas respecto de la financiación de la investigación (esperemos que no se limite a la factual). La parte negativa la produce el hecho de que Soria, el abanderado de Zapatero al comienzo de su legislatura, se convierta en ministro. Eso nos hace darnos cuenta, una vez más, del sesgo que se produce en el reparto económico para la ciencia. Por tanto, tenemos ciertas suspicacias ante la posibilidad del fomento de un tipo de investigación muy concreto. Ya veremos que pasa... http://policontexturas.blogspot.com
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¡Ah, esos sentimientos encontrados!
Y lo peor de todo, que es la decepción, la pérdida de la ilusión, la infancia perdida y añorada... El tal Soria puede ser un mago de la investigación científica (a saber). Esto nos dice algo sobre el nivel de desarrollo de su rol identificador, pero nada sobre sus otros roles: padre, marido, ministro... La historia nos dice que prevalecerá el Principio de Peter y se demostrará que el tal sujeto ha sido promocionado a su nivel de incompetencia. Todo ello con el agravante de la petición propia y la pública ostentación de abyecta pleitesía. Nada parece augurar una mejora en las expectativas del personal investigador a menos que se tenga la fortuna de estar jadeando en la parte de la mesa donde se le caigan unas migajas al comensal más próximo. Hay tantas razones para el pesimismo que es aconsejable aplicarse las vendas ya.
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